sábado, 20 de agosto de 2011

Revolución

   Anoche la señorita se acostó acompañada de recuerdos que van y vienen, cada vez con más fuerza, cada vez con menos compasión de las distancias. Por eso se levanta con el pelo hecho un caos y la boca torcida, con la necesidad asfixiante de encontrar al chico lindo y sacarse de encima los besos que hacen fila desde marzo.


    La señorita tiene ganas de buscarlo y contarle que hoy pensó en él, y no sólo que pensó sino que también le escribió otra de las tantas cartas que nunca le va a mandar. Además, como situación recurrente, la señorita escucha esos temas lindos que una vez él le cantó, e imagina, con alucinante fidelidad, la carita del chico lindo cuando este sonríe y le complica el tema de respirar.

                               La señorita está sentada, mirando al chico lindo, esperando que todo empiece mientras se cae el invierno en Plaza Moreno, y el frío quema bancos y árboles. Pero él no la entiende y también la mira, no hace nada, no la toca, no se acerca... y ella que le cuenta que hoy escribió otra de las tantas cartas que nunca le va a dar, y tararea una canción calurosa, esperando que al fin se rompan filas y estalle la revolución.
    

lunes, 15 de agosto de 2011

Sacrificio

Es la noche catorce
desde esa puta promesa,
y todavía ninguno grita
mientras se arranca las ganas
de la espalda
de las manos.

¿Hasta cuándo?
pregunta alguien,
esperando que de pronto despertemos
y todo sea diferente,
o como siempre,
tan parecido a como era antes
cuando la lluvia nos caía bien
y no contábamos el tiempo.

Hasta que cumplas
responde otra,
respondo yo,
mientras el vidrio se empaña
y la sangre se corta,
mientras empieza el día quince
y busco la cura
para esta jaqueca que parte.

Negociación.
Impasse. 


domingo, 14 de agosto de 2011

PUF!

    Pararme en el medio de la nada y poner el mundo en mute. Buscar desesperadamente la forma de que esto no se termine o empiece de una puta vez. Porque me ahogo en las líneas de mis manos, y todo me parece tan amargamente igual, tan reiterativo... y a la vez me da miedo el cambio, el golpe que despierte a los bellos durmientes.
    Hace frío, hay luna grande, y la calle está sonriendo para nosotros. Pero yo miro para otro lado, porque no sé si sonreír también o salir corriendo. Y sí, la tonta sale corriendo. Puede que porque es más fácil, o porque quiera salvarme de algo que ni siquiera sé qué es. No sé, tal vez simplemente no entienda cómo funcionan las cosas y necesite una explicación.


          ¿Podrás quedarte esta noche y contarme cómo es que debería ser?

miércoles, 10 de agosto de 2011

War

Y en la frontera se detiene
y calcula las pérdidas con la lengua,
apenas si abre los ojos
apenas si siente el cansancio
la humedad
los huesos enredados por la luna.

Diez.

   Ciento veinte.

Para de contar cuando se derrota,
cuando no le queda ni un peón en el tablero
ni ganas de jugar,
porque ahora son

                   ciento veintiuno 

y no respira bien.

Cruza con la boca cansada de tanto suplicar
corriendo hasta el agua que una vez  ella prometió,
y se ahoga en un espejismo,
en la voz caliente que susurra nostalgias
y se va bien lejos
                              dejando una estela roja sin barrer.

lunes, 8 de agosto de 2011

Ir y volver

   Ese momento terrible en el que te das cuenta de que el tiempo está pasando a una velocidad increíble, y ese otro (terrible) momento en el que caes en un stand-by indefinido que te congela, indeterminadamente, con gesto de espera forzada...

   Me quedé en el medio de la plaza, con las manos colgando y la boca entreabierta, con una frase que nunca se dijo y que todavía grito. Desespera aceptar que el tiempo es uno y no otro, que aunque altere el reloj tengo más horas de sueño que ayer, y que vos ya caminaste cuadras y cuadras, pensando en tantas cosas que ni siquiera ves bien por dónde vas. Y la inercia te lleva, te lleva, y terminas acá, tan cerca, tan peligrosamente cerca de mí.
  La plaza ahora es noche, y los bancos confesionarios para extirparnos las culpas y las penas, y convidarnos con besos de esos que amortiguan la soledad. Porque dolió tanto estar sola, sin vos, dolió tanto que no quiero recordar, ni ponerme en mi propia piel. Prefiero la ignorancia consciente, enterrar tu carita culposa, grabarme en el medio de los ojos tu sonrisa que para mundos, que para corazones, que llena de aire mis pulmones anestesiados.
  Quedate. Te pido. Dejame quererte. Porque te cuesta más permitirme eso que quererme vos, como si así me cuidarás de las cosas que nadie puede. No me importa un domingo con musiquita triste, ni odiarte medio minuto cuando decís estupideces. Es un poco tarde para volver cuando se está en medio de la marejada, y apenas si sabiendo no ahogarse.
  Acelerar. Quedarnos quietos. Volver. Volver. Dar un paso más. Jugar y siempre jugar a que todo es del mismo color y está en el mismo lugar. Pero varias estaciones se nos cayeron encima, y sí, las culpas se diluyeron en un abrazo que casi que asfixia, y sí, quedaron pendientes tantas cosas...y sí, te quiero un poquito más que siempre.
    

jueves, 4 de agosto de 2011

Ignorancias

Se me caen los oídos intentando escuchar (te)
decís tantas cosas sinsentido
sinqueteimporteuncarajo
y yo que justifico tus erratas,
las comas mal puestas,
el indebido uso de un pretérito que asusta
condena
nos pierde
me mata

Pero no puedo esquivarte el cuerpo,
y arrasas con el silencio
llevándote por delante
la duda
el llanto
y este dolor, darling,
de no saber qué sentís
y ser lastimosamente consciente 
de que                    Je t`aime.
(beso)

martes, 2 de agosto de 2011

Se nota

                                                                                                                              "Será que se te nota, nene"

   Sí, se te nota Darling, desde la mentira hasta la verdad más suicida. Porque no tenés otro filtro que no sea mi paciencia y el tiempo que se va cuando estamos en alguna plaza y es tarde, hace frío, y uno de los dos se levanta (sin ganas) para ir a dormir solo. Pero alguna noche, tal vez, nos sorprendan el silencio y las horas que se congelan, porque bastante soledad nos consumió estos meses, y es hora de ser felices.
   Yo me quedé sin voluntad para seguir detentando lo que no es, y tengo unas ganas irreverentes de ser sincera conmigo y ser débil, terriblemente débil con vos. Para poder decirte te quiero sin culpa, mirarte de más, darte un beso sin permiso, cuando nos vean y cuando no, cuando me sienta ansiosa y me sonrías con esa sonrisa que para el mundo.
   Sí, se me nota Darling, que estoy pensando en vos y en mí, en las estaciones que nos restan y en las que ya pasaron al placard. Pero no me importa que se note, y por eso te escribo, para convencerme de eso y salir a buscarte, para mandarte un mensaje de esos tan impropios de mí, tan dulces que apenas si contestas me 2
   Somos algo impreciso, diferido, raro. Todavía nos cuesta eso de los roles, de las convenciones, de lo que es mejor no decir. Jugamos a los colonizadores en plena calle, y nos miramos con la certeza de lo que queremos, que no está claro y poco nos importa, pero que cuando se discute siento que realmente se nos nota, algo pasa entre nosotros dos.

sábado, 30 de julio de 2011

Procesos

    Y antes de irse, despidiéndose de toda la mierda que le hizo mal, pero también de la dulzura del viejo que lloraba y lloraba con los ojos secos, me heredó lo que yo siempre quise, el salto al pasado y la certeza de lo que realmente fue. Porque estamos de vuelta, y no tiene por qué negarse esta especie de absolución divina, no para sí misma, sino para los que ahora sé hijos de puta, con nombre y apellido.
     El combo fue completo, porque en ese entonces no valía el golpe y nada más, porque eso no alcanzaba para que alguien soltara la lengua, mucho menos mi mamá, y bien que me lo puedo imaginar. En ese entonces ella era una chica bien, que dejó de ser bien, según mis abuelos, el día que se juntó con mi papá. Desde Francia leía y me reía cuando en el medio de las manifestaciones de extrañamiento de mi abuela Celia, se colaba un “si no hubiera sido por tu padre”. Pero creo que lo decía por costumbre, para tener algo de qué quejarse y no por resentimiento. Quién sabe.
     Me gustó siempre la historia de cómo se conocieron, porque ninguno mintió y agrandó las cosas, o le atribuyó al encuentro alguna intervención del destino. Su primer enamoramiento fue racional, porque entendí después de escuchar varias veces cómo se dieron las cosas, que todo se remitió a una admiración de ideas, de capacidad, de forma de crear el mundo con las mismas palabras que otros condenaban cuerpos.  Y después, tan rápido que hasta ambos difieren en los tiempos de los hechos, el enamoramiento fue pasional; ahí ya no quise saber más detalles.
       Él estaba en la universidad, filosofía. Me volvió loca toda la adolescencia con sus planteamientos que iban más allá, de eso nunca se dio cuenta, de mis capacidades cognoscitivas. Pero le gustaba que yo aprendiera, que fuera una chica pensante; decía que conocer era la única vía para cuestionar, y que del cuestionamiento venía  todo lo demás, creación y superación. A él se debe mi necesidad cuasi compulsiva de tener la última palabra, de no aceptar lo que se me ofrece y nada más. Esto se volvió en su contra en algún momento, cuando quise volver a casa, y él insistía en que todavía no era el momento, y mamá me pedía paciencia, y yo que tenía ganas de tomarme un avión, estar acá, que mágicamente todo se resuelva, pero no, yo sabía que no era posible y que ellos tenían razón, por eso nunca tomé el avión, y esperé.
    Mamá sabía que tenía parte de culpa en que yo no entendiera y no aceptara, porque me hizo vivir en una burbujita de cristal; me condenó a varios años de estupidez, acá y allá, allá y acá, callándose de golpe cuando apenas si mencionaba algo relacionado al proceso. Y yo no preguntaba, nunca lo hice. Ni siquiera cuando me hicieron armar las valijas y salir al otro día para Europa. No pude saludar a mis abuelos y tíos, tampoco avisar a mis amigos. Me llevaron así nada más, llorando pero sin reclamos.
     Me acuerdo del viaje en avión, de mi cara de susto cuando papá no supo qué contestar cuando pregunté cuándo volvíamos. También de la expresión de mamá, que con cada kilómetro parecía desprenderse de un recuerdo más. Ahora comprendo que no los estaba liquidando, sino guardando celosamente para regalármelos este día. Y me alegra saber al fin cómo fueron las cosas, aunque sienta la garganta cerrarse con un grito de llanto implacable, que sube y sube, que crece y explota. Me quiebro. Pero ya habrá tiempo para tener pena, después, cuando conozca  todos los detalles que ahora se me presentan así, sin filtro, con toda la malevolencia de la realidad que se me cae encima y se revela mientras mi mamá se enfría.
    “Fue un momento de mierda, porque teníamos tanto miedo… pero no lo decíamos, nunca hablábamos de eso.  Fuimos  valientemente cobardes, y nos enfrentamos a lo que venía, hasta que se llevaron a tu papá. Entonces me aterré y cometí la estupidez de preguntar por él. También me llevaron”.
       La voz se hizo casi imperceptible cuando habló de submarinos y yo no entendía, hasta que explicó cómo le aplicaron uno mojado y casi se ahoga en la meada de un coronel, el mismo que después  le arrancó la ropa, el mismo que la violó hasta desangrarla, el mismo que le pateó el vientre porque ya casi que ni reaccionaba.
       Me retorcí, incliné la cabeza para que mi mamá no viera como los labios se me ponían verdes de repugnancia. Estoy conociendo papá, me gustaría decir, y ya tengo mis críticas, y ya tengo mi forma de superar todo esto. Que todos conozcan papá, para que no tengamos que cargar con esto vos y yo solos, porque mamá ya se está yendo.  Él no me mira, la mira a ella, que le sonríe como hace veinte años,  y seguramente como hace cuarenta.
        Me piden que no llore, y yo ni siquiera noté que lo estaba haciendo. Al fin tengo mi herencia, la verdad de lo que pasó, y la burbuja se hace mierda contra el piso, contra las paredes, contra el vientre de mi mamá. Y no sé por qué carajo tengo uno de esos procesos mentales que te llevan a certezas que no querías tener, y cuando vi a mi mamá que ya se moría le pregunté: “¿y el coronel?”. Ella se quedó callada antes de decirme “José Ignacio Corrado”. Y se murió nomas, mirando a Manuel, el filósofo, que ahora lloraba con los ojos húmedos. Al fin entendí a la abuela Celia, al fin sé el nombre del hijo de puta mayor, y al fin tengo razones para querer decir au revoir.

viernes, 29 de julio de 2011

La piedra

Que la lágrima caiga pesada
y la piedra en el pecho se rompa
o se digiera,
pero que deje
que deje de matarnos así,
como burlándose
mientras nos rompemos la cabeza pensando,
estrangulando los miedos
para no parar con este aguacero, 
con este calor helado que calcina los huesos
y nos aleja otra vez,
un poco más,
sin detenerse,
sin preguntar.

Cae la lágrima pesada,
caen los ojos y la mirada de hace dos veranos
cuando conjugamos nombres,
historias,
una verdad que nos enterró desde el principio
sin darnos chance
a elegir,
y salvarnos,
y malgastar tiempo.

No hay  luna y no hay aire,
la piedra baja despacio,
nos mata,
nos pierde.
No estás y no estoy,
y todo tiene ese gusto amargo
de la necesidad que avanza,
un poco más,
sin detenerse,
sin preguntar.

miércoles, 27 de julio de 2011

Tira y afloje

   "Te juzgo porque tengo ganas, porque te extraño y me saca de quicio saber que te tuve y ahora no tanto, que estás lejos y no tenés las mismas ganas que yo de vernos. Por eso me enojo y puteo, y tengo hasta ganas de llorar un rato, porque hace mucho no lo hago y quizá así me distraiga. Pero estás al margen de todo, decidido a darme alguna especie de lección divina cuando, en realidad, solamente podés aligerar mis penas y potenciar mi deseo.
   ¿Te rendiste? venías muy bien, jugando conmigo al tira y afloje, peleando y sacando lo peor de mí, demostrándome que soy tan humana como cualquiera, que te puedo querer y odiar, que mañana tal vez me muera de ganas de tenerte conmigo y dentro de unos días prefiera enterrarte en el calendario.
   ¿Me extrañas? yo sé que sí, me lo dijiste una vez, cuando yo estaba lejos y vos me buscabas, y yo más ignoraba lo que intentabas decirme. Siempre te gustaron los inconvenientes, y bonito inconveniente te encontraste. Porque al principio no quise ser la loca que te llamaba cuando estaba triste y necesitaba contarte sus cosas, que la llevaras al cine o simplemente que te acostaras con ella en el pasto, callados, para hacerse cosquillas y matarse a reclamos. No, yo no quise eso. Pero me gustó tanto, me gusta tanto...
     Y ahora es imposible para mí no esperar la perdida en el celular, el mensajito tierno. Peor aún, no puedo contenerme y yo misma escribo, como si fuera otra, te extraño, ¿nos vemos? . Son complicadas las cosas, y estamos bien jodidos, porque como dos estúpidos, nos queremos".

martes, 26 de julio de 2011

Au revoir

Compramos la ilusión del encuentro furtivo,
de la novedad que no quiere ser rutina,
por eso prendemos y apagamos la luz,
nos reconocemos cada lunes, cada jueves
y un domingo al mes,
cambiamos las sábanas
y los nombres,
nos decimos adiós en francés.
Estiramos el preámbulo,
nos volvemos ridículamente hipócritas
jugando a que no sabemos lo que el otro piensa
cada vez que suena un celular
y cantamos au revoir.


Pero cuando me voy y te vas 
todo queda asquerosamente silencioso,
porque ya no se escuchan los suspiros
y la súplica que sigue,
ni tampoco el silencio al acabar,
cuando tenemos miedo de decir cualquier cosa
y destruir la novedad,
volvernos rutinarios,
querernos.

sábado, 23 de julio de 2011

Changüí

Ahogarme en tu perfume
ahogarte en un abrazo
suplicar que el tiempo sea cómplice
y nos dé quince minutitos más,
un changüí  para ser dos
mientras la ropa se arruga.
caer 
       caer
             caer

(y volver a empezar).

martes, 19 de julio de 2011

El turno

   Hace frío, aunque el calefactor esté prendido hace rato y la habitación sea tan chica que asfixie. El olor a jabón se mete a través de la ropa, hasta llegar a la piel desnuda y pegarse a los huesos...
   Todavía quedan dos horitas del turno, por eso nadie molesta y el hombre se estira, apenas rozando a la mujer que anoche durmió con él. Siente asco de sus pechos, de sus caderas amplias, de los tequieros inmundos que suenan falsos aunque los repita una y otra vez. Inés, sí, Inés sigue ahí, él también, a pesar de que quiera dejarla y salvar la poca dignidad que todavía tiene.
   Hace memoria, recuerda muy poco de la tarde, de las cosas que los llevaron a terminar en un hotelucho. No sabe si él la llamó, o si ella fue la que suplicó o amenazó hasta conseguir lo que quería. En los hechos da igual, porque como tantas otras veces terminaron así, cogiendo, sin decir nada, sin besos.
   Inés siempre fue de esas minas que mejor perderlas que encontrarlas, pero que cuando encontrás no podés dejar. Ostentó toda la vida esa puta costumbre de profanar los sentimientos que cualquiera pudiera tener hacia ella. Todo ensució, todo logró volver asqueroso e inestable.
   Él la quiso una vez, hace mucho, cuando conoció sus ojos opacos y el vientre plano. Él  deseo el cuello frágil y la fuerza de sus piernas. Y tuvo todo eso, varias noches como ésta, cuando ella se sentía sola y lo llamaba, cuando él le suplicaba un encuentro, cuando los dos querían enfrentarse a la necesidad, juntos. Pero ahora todo es diferente, ahora la ve con amargura y no quiere ni rozarla.
   Los labios están tan pálidos que siente náuseas al recordar cómo los deseó esta tarde, cómo la convenció (de esto duda) del encuentro furtivo. Una arcada. Cierra los ojos y deja de pensar, desconecta el cuerpo, sigue respirando. Queda una hora y media, ya se termina, todo se termina. Ya no habrá que enfrentarse al después, porque Inés está rígida, con el vientre hinchado, y él apenas si la quiere volver a tocar para aprovechar lo que queda del turno.

Extrañamientos

Para mis amigos
 y sus  ventanitas titiladoras.

   La lluvia debe tener algún efecto secundario- y de carácter universal- que provoca reiterados extrañamientos, porque no dejan de titilar ventanas con ese reclamo urgente al tiempo. Quisiera tener alguna respuesta más o menos satisfactoria, aconsejar desde la experiencia que dudo tener, pero no me sale más que ofrecer un abrazo, de esos que duran mucho y hacen terriblemente bien.
   Tengo la certeza de que no importan los relojes, los calendarios, los mapas, todo ese compendio de cosas que el hombre inventó para medir y ser miserable. A mí no me importa mucho que hoy sea 18 o 31, la verdad, lo que realmente importa es la presencia o la falta de...  eso duele, eso es lo que se siente con una fuerza increíble.
   Más llueve y más titilan las ventanitas, que extrañan su sonrisa, sus mimos, sus abrazos. Es una linda noche para ser dos, pero esta vez no se puede y el recuerdo no alcanza, por eso consumen los pensamientos y las ganas de correr. Todos tenemos esa necesidad, casi instintiva, de ir hacia lo que nos hace bien, y cuando nos falta no sabemos en qué plaza dormir.
   Quedémonos hablando hasta tarde, hasta que el cielo se limpie y digamos algo que nos reconforte. Porque ahora yo también necesito un abrazo, y que me digan que no importan los relojes, los calendarios, los mapas. Hace frío, y más frío tiene mi nariz sin sus mordidas, extraño eso.
    En noches así la nostalgia viene doble, dijimos bien, porque parece que no podemos cambiar de tema, y no queremos cambiarlo; parece que estamos deseando que sirva quejarse y pedir que sea otro tiempo, pero sabemos que es imposible.
    Disfrutemos, extrañemos, que al fin tenemos algo que cuidar.
    
   

sábado, 16 de julio de 2011

Adrede

     Me gusta pensar en vos, en diferentes momentos del día, sin querer y a propósito. Me gusta cuando me sonrío, bien tonta, porque algo me hizo recordarte. Y no es muy difícil que pase eso, porque sos mucho de esta ciudad y de estos meses, de mí misma y de los cambios que me hicieron mejor persona. Crecí tanto, a pesar de que siga queriendo hamacarme en la plaza y todavía me pierda si no me decís "es por acá eh", y todo por esa facilidad tuya para abrirme los ojos y mostrarme lo que estaba ahí y yo dejaba pasar.
     Cuando te pienso adrede es porque te extraño mucho, y me siento más acompañada jugando con nosotros en tiempos pasados, presentes y futuros. A veces me entretengo demasiado, y se me va una buena hora en estas meditaciones. Pero no me importa, porque cuando al fin me convenzo de abrir los ojos (aunque ya estoy tan entrenada que puedo tenerlos abiertos), tengo una paz que me baja por la garganta hasta los pies, y me siento tan feliz como siempre.
     ¿Te gustará saber esto? a veces me lo pregunto, no mucho, ya que estoy convencida de que si la respuesta fuera negativa no cambiarían mis reacciones. Porque todo lo referente a vos está teñido de verdad, de una naturalidad que me sorprende y me gratifica. Sé que es sincero cada pensamiento, cada risa y hasta las lágrimas que pude haber dejado ser.
     Tengo ganas de verte...salir a caminar... darte un beso... hasta que los dos nos quedemos sin aire y sin reticencias. Hasta que me marees con esa sonrisa, la más linda de toda la ciudad, y tengamos que sentarnos en un banquito mientras vemos a la gente pasar por la plaza, tan ajena a nuestro pequeño mundo (que sigue creciendo con cada estación).

viernes, 15 de julio de 2011

La loca

  No me alcanzan las hojas para hablar de sentimientos, y tal vez sea porque francamente no sé cómo empezar, cómo seguir, o ni siquiera si estoy preparada para hablar del tema. No me entiendo, y por eso es que no pretendo comprensión del otro lado. Si te digo "No te quiero lastimar", no pienses que me quiero subsanar de un futuro error; simplemente te transmito un deseo, soy un desastre y quisiera mantenerte al margen de eso. El problema, amigo mío, es que no estás al margen... 
  <<¿Te gusta la loca?>> pregunté con una sonrisa, << mucho>> dijiste serio. Entonces tengo que hacerme cargo, y ser sincera, aunque mi sinceridad roce el suicidio. Pero vos no tenés ganas de saberlo todo, y preferirías que cierre la boca, que disfrute el beso ese que te costó tanto darme. Y yo, siempre tan inoportuna, no puedo, porque estoy pensando mil cosas y muchas tienen que ver con el miedo a hacerte mal, porque no estoy segura... sos importante, pero sabes (sí, perfectamente) que no puedo dejarlo.
  Te miro, te abrazo, me gusta la calidez que transmitís, es muy nueva para mí. Me gusta, no te creas que no... estar así es una linda novedad, un alivio en mis tardes de Julio. "No quiero sentir lo que estoy sintiendo", me quedo muda. No sé hasta donde quiero que me quieras, me gustaría entenderme un poco mejor, poder dilucidar el quid de la cuestión y dejar de ser tan atormentadamente vueltera con vos. Pero no me sale, y te sigo lastimando, ¿esta es la tercera?
   Digo eso que no querés escuchar, que no tenía que decir, pero dije igual porque no tengo filtro. Perdoname, otra vez, ¿cuántas van? En realidad, no me perdones, escondete y no dejes que te encuentre. Me da impotencia no ser como necesitás, pero no puedo forzar las cosas. Lo dije varias veces ya, tantas que ni me acuerdo; y otras tantas, además, quise alejarme, romper este círculo vicioso.
  No recuerdo cuándo todo se distorsionó, cuándo fui yo la que quiso intentar y vos te negaste... y ahora, vos proponés algo demasiado lindo, y me lo imagino, te juro, claro que me lo imagino. Pero no puedo, aunque te diga que sí no me sale el beso, hablar de sentimientos, comprometerme a la causa de la revolución de la sangre. No, te quiero, pero no alcanza. Y me duele, por supuesto, tan hondo que me asombra, aún así, no puedo ser lo que necesitás. Siempre voy a hacer algo mal, simplemente porque está él, rondándome los sueños, presente en mis labios y en las tres cuartas partes de mi cuerpo. 
  Podría seguir escribiéndote, pero sé que odias mis cartas, mis mails, mi poesía "de cobarde". Porque vos preferís que hablemos de frente, con los ojos vidriosos y agarrados de la mano. Y así, hoy me escuchaste y te enojaste, bien enojado, tanto que quise que te fueras y me dejaras con mi locura, pero no te eché y seguiste escuchando. ¿Vas a poder con esto? No, no podés. Por eso te vas de casa convertido en furia, lastimado una vez más por la loca, esa que te gusta mucho.

miércoles, 13 de julio de 2011

Para vos

  ¿Está mal que me acerque hasta respirarte el olorcito a café y libro nuevo? Porque tengo ganas de probar, quedarme así hasta que me de sueño. Y tal vez me duerma o tal vez espere a que termines y te acuestes conmigo...  o tal vez, en realidad, quiera otra cosa.
   ¿Por qué no vamos a caminar? hoy hace una luna muy linda y nos merecemos estar solos. No quiero que lleves tu reloj, ni el calendario ese que tenés manía de esconder entre la ropa. Por favor, esta noche no midas los besos. 
   Hace mucho que no me siento así, con tantas ganas de estar con vos que se me desborda el cuerpo. Me da un miedo terrible, pero una secreta satisfacción; al fin me estoy despertando. Y no quiero volver al gris, al pasado que no alcanza... me gustás en los colores más locos, arruinando vestidos y pintando instantáneas de esta noche que promete.
    Quedate conmigo darling, hoy no quiero que la chica consciente diga basta...

miércoles, 6 de julio de 2011

Falling

Cerré los ojos y salté,
desde tan alto que todavía me dura el vértigo.
Y así, sin ver,
caí en el frío de la ciudad
que ataca huesos y bufandas.
Pero no me importó,
porque tenía las manos enredadas
y los pies plantados en el suelo,
mientras te atacaba con la fuerza
de la noche que se asoma
y no quiere irse.
Cerré los ojos y salté,
jugando a los encuentros invernales,
para terminar chocando con vos
en medio de un bocinazo.

lunes, 4 de julio de 2011

Economía de la palabra

  El hombre es contador; se pasa el día sentado frente a la computadora, en su pequeña oficina del tercer piso en el edificio más alto de la ciudad. Allí registra, arquea y balancea mientras espera el descanso. Después de un café vuelve; registra, arquea y balancea un poco más.
  El contador tiene la facilidad de ser especialista en algo de lo que su jefe no tiene idea, que sabe negociar pero no administrar. El día que descubrió eso, su mente rápidamente concibió la metodología del robo, delicado y casi convertido en arte. No había que abusarse ni ser desprolijo, bastaba con el descuento progresivo y la colección de ceros adrede para ir creando una pequeña fortuna.
  Nadie lo notaba, ni buscaba notarlo. El contador tenía una conducta intachable, años y años de servicio, apenas la mitad implementando el maquillaje numérico. Por eso no causaba males ni desbalances, sólo conseguía, con trabajo de hormiga, desatomizar su cuenta. Aún así, no decidía cuándo concluiría su tarea, o qué haría con el premio al final del recorrido.
  El contador es un hombre que hace las cosas como deben hacerse; casi por mandato familiar y apuro de los años, se había casado y tenido un hijo. Recordaba cuando su esposa insistió en poner un paraíso en la puerta de su casa, y él, obediente, cumplió el segundo objetivo a concretar por todo aquel que quiera breves lapsus de felicidad, plantar un árbol. 
  Le restaba el punto del libro, pero ese asunto era cada vez más complejo. La dificultad principal radicaba en el escueto vocabulario del contador, que hace tiempo había reemplazado su diccionario mental por fórmulas matemáticas y categorías numéricas que a cualquiera le darían miedo. Pero él se sentía feliz, y aplicaba sus principios economizadores cada vez que hablaba. Era realmente admirable, como a lo largo de los años, había perfeccionado la técnica de la síntesis y la supresión de palabras que consideraba prescindibles.
   Había comenzado con los adjetivos que lo hacían dudar. Para él un balance cerraba o no cerraba, por lo tanto era correcto o erróneo, tanto así que lo abrumaban los sinónimos y la adjetivación excesiva. Se retorcía por dentro cuando alguien decía que su trabajo era preciso, perfecto, exacto, cabal, justo, adecuado, apropiado, acertado, preciso. Y todavía más se retorcía cuando era erróneo, errado, falso, defectuoso, equivocado, inexacto; o como gustaba decir su jefe ante las erratas del personal, listo para rehacer.
   Luego había suprimido esas cuestiones adverbiales que le hacían gastar saliva. De circunstancia, de tiempo, de lugar, de modo. Uno a uno se fueron perdiendo en la memoria, que ascendía lugares a las nociones de debe y haber, análisis FODA, auditorias y ajustes interminables. Y así, poco a poco, del sujeto y verbo el contador no salía.
   Esta cuestión cuasi obsesiva, pero admirable por lo progresiva y pragmática, era seguida por sus compañeros de trabajo. Tal vez  fuera la atención puesta en la singular meta de economía de la palabra la que  desviara del ojo de la tormenta, o de la calculadora maestra, los números que poco a poco se sumaban en la cuenta del contador. Quien no hacía ostentación de ningún tipo, ni en el trabajo ni en su casa, y seguía ahorrando, siempre ahorrando.
     El contador, más conocido como Manuel, está cansado del ritmo monótono de cada día, y aunque el robo sistemático le aporta cierta aventura, ya no le provee la misma satisfacción de antes. Este mes decidió implementar la técnica de la respuesta corta, sí o no, y cada tanto, sin abusar, un tal vez.  Incluso comenzó a incurrir en la supresión paulatina de sustantivos, pero eso se le sigue costando un poco.
     Más allá de sus dos divertimentos ahorrativos, su jefe está cada vez más y más hablador, y él evita cruzarlo en los pasillos. Está preocupado, bajan las ventas, Manuel lo sabe;  la empresa decae. Y no sabe por qué, pero tiene ganas de un golpe, de algo fuerte que desestabilice y ahorre años de trabajo, ahorre medidas eficaces contra la ruina y le ahorre dar explicaciones al cierre del año.
    Y se prepara para el momento de gloria, cuando no haya qué decir, y las palabras sobren, realmente sobren.  Por eso bordea el paraíso, entra a su casa, besa a su mujer y agarra una hoja. Escribe la cifra, sólo eso, porque no hace falta agregar nada más. Mañana, seguramente así sea, todo termine y empiece, aunque todavía no haya decidido qué es lo que vaya a empezar.
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     Los escritorios están revueltos y los cafés sin terminar, las corbatas más apretadas de lo usual y esa mujer no para de llorar, porque seguramente de ella prescindan el día de hoy. Desde la pérdida de una suma irrisoria, los empleados caen como soldaditos, mientras Manuel sigue en su oficina del tercer piso en el edificio más alto de la ciudad, pensando en que al fin logró contagiar su pulsión por economizar.
     Ahora, sus compañeros se saludan con un gesto de la cabeza; sólo se escuchan onotomatopeyas, sonidos que intentan ser discursos largos, esos que tanto molestan al contador.  Por eso está tan contento, sabedor de que esa misma tarde deja la casa, a su mujer y a su hijo, al paraíso que el mismo plantó, y se va lejos. Porque todavía no sabe lo que quiere, pero prefiere decidir en otro lado, donde haya luz de verdad, y no ese intento de sol que pretende ser el  foquito de su oficina.
     Sonríe, sí, sonríe mientras firma la renuncia, y piensa en el viaje que le espera y en la forma en que ahorrará yéndose en tren. No se extiende, simplemente escribe “renuncio”.  Y se va, deja la carta en la entrada, feliz, no dice nada, no se despide. Tal vez alguien nota, en el fondo de sus ojos grises, la satisfacción, el signo de la vida asegurada mientras deja el lugar, sin nada en los bolsillos más que el pasaporte; si así es, nadie lo dice.
                        ………………………………………………………
       Manuel se sienta a esperar el tren, tomando un café sin azúcar, leyendo la sección financiera del diario. Y lee como su empresa se cae, se funde sin más que hacer por una extracción abusiva. Siente un poco de culpa. Sigue leyendo, pasa de sección. Bien conciso, sin palabras de más, su foto consume un cuarto de hoja; el epígrafe reza: se busca. El tren no viene.

jueves, 30 de junio de 2011

Atemporal

Destrozamos el presente con un acto atemporal,
un impulso que se come el resto de conciencia
que decíamos tener;
pesa más el silencio que incita,
la noche húmeda que transpira ansia
mientras nos acercamos de a poco.

Todo es despacio, 
pensado sin pensar,
actuado sin ver,
                  para que no haya culpa ni arrepentimiento.

Y se caen los meses de un poste de luz,
acariciando la soledad de la plaza.
               Nos besamos.

Se conjugan los nombres en un suspiro que eclipsa el sol
y viene a llevarse la noche,
nuestra noche,
        sin que nos demos cuenta.

martes, 28 de junio de 2011

Esa mujer (es mía)

    Qué tiene de malo, la mina me gusta, me calienta. 
¿Y si la sigo qué? Necesito saber qué hace, qué no hace, a dónde va. 
Todo se reduce a simple necesidad.


   Le encanta que la hagan sufrir. Es una loca linda, de las que te parten la cabeza. Es culposa, tiene complejo de mártir. La veo pedir perdón cuando no hizo nada, llorar de impotencia, salir corriendo a intentar salvar el mundo. Y me dan unas ganas de agarrarla fuerte y decirle: no pienses más, relajate.
   No sabe lo que quiere, entonces hay que darle todo. Un día tenés que ser el pibe más bueno del mundo, otro ni mirarla a los ojos. Porque así ella se siente bien, sufre y llena hojas y hojas con tu nombre, a veces con corazones alrededor, otras puteandote. 
   Crea cosas de la nada, todas las noches, cuando no puede dormir y la veo acercarse a la computadora. Me maravilla verla teclear rápido, casi con furia, exorcizar pensamientos, descargar lágrimas. No lo quiere, eso lo puedo asegurar; el novio la caga y ella sabe, pero lo aguanta porque como dije le gusta sufrir. 
   Es ordenada, ordenadísima, tiene todo clasificado por color y por textura, por peso y por temporada. Sí, yo también pensé que era obsesiva, pero creo que así se siente segura; le gusta controlar. Me encantaría que lo haga conmigo.
   Ajam, también controla en ese sentido. Al principio me contuve, no quise ver, sólo estuve cerca hasta que se sacó la ropa. Pero después me dio curiosidad, quise saber cómo se movía. Es increíble. La quise encima mío, la quiero ahora, todo el tiempo. 
   Un día entré a su pieza, me senté en la cama, toqué las sábanas. Creo que la sentí, como si fuera a llegar en cualquier momento y darme algo de su amor. Porque ella ama complicado, en otro idioma, con miedo. Y yo tengo unas ganas tremendas de disfrutarla. Desde esas entradas furtivas, siento que la comprendo más, que me meto en su mundo.
   Y sí, podría hablar de ella por horas, contando dónde tiene lunares y dónde esconde las cartas del primer novio. Podría decir qué le gusta comer, qué odia, a dónde va cuando llueve y hasta incluso qué sueña. Pero no puedo seguir,  porque está llegando, agarradita de la mano del novio. Hoy la guardia va a ser larga, cumplen meses y la noche apenas empieza.
   

domingo, 26 de junio de 2011

Infidencias

   Venís con las manos llenas de palabras, que no dicen nada pero suenan bien; las decís con los ojos clavados en mi boca, y yo hago un esfuerzo sobrehumano para no ponerme roja. Creo que no me sale, creo que esa última sonrisita fue porque te diste cuenta de lo que estabas provocando.
  Vas de una punta a la otra de la ciudad, llevando en los bolsillos monedas y un boleto para dentro de dos semanas. ¿A dónde nos vamos darling? que sea lejos, bien lejos de la humedad que se come los libros. O cerca, bien cerca de mi cama, para jugar a que somos extraños sin nombre y sin pasado, que apenas si saben que se gustan, porque lo están descubriendo a los besos.
   Te miro, te como con los ojos y seguís impasible. Quisiera comerte con la boca, plantarte batalla con mis labios anestesiados que piden revancha. Pero hoy no es el día, por eso me voy con tu beso en la frente, haciendo fuerzas para no volver y hacer lo que realmente quiero.

viernes, 24 de junio de 2011

La chica bien

   Fue puta. Digo que fue puta porque ahora es chica bien, pero era de las buenas. Se entregaba y besaba aunque el tipo oliera a cigarrillo y noche agria, aunque la cabeza se le partiera y tuviera ganas de dormir. Pero ese tiempo pasó, y ahora se sienta a la mesa con esa otra puta reprimida, la cuñada que la detesta por envidia de lo que nunca va a disfrutar.
   Se miden con la mirada. La reprimida se atraganta con la comida, y la chica bien sonríe sobradora. Sonríe porque nota el calor en su marido mientras le acaricia la entrepierna, y también por la cara envenenada de su cuñada. Por suerte hace mucho que aprendió a ignorar esas boludeces para intentar rebajarla, cuando en realidad estaba por encima de mucha gente que se decía honrada.
   Hoy se sienta a la mesa con el pelo atado y una remera bien cerradita, que apenas deja que se le vea el cuello. Pero si soltara la lengua, y le contara cómo le gusta a su  hermanito verla hecha una puta, como el día que la conoció. Así, bien despeinada, con la boca roja y el pecho descubierto, para que él la bese con ganas.
   Esa noche lo trató maravillosamente, hasta que el pobrecito dijo basta. Pero ella no paraba, porque era de las buenas, y no se cansaba. Cuando terminaron, dos, tres o siete veces después, él no podía dejarla. Así que volvió todas las semanas, se envició. Y cuando empezó a pensar que otros también la tocaban, y que podría ser tan buena con ellos como lo era con él, decidió llevársela.
   La presentó a la madre, a la hermana con pretensiones de monja, a las cenizas del padre que están en el comedor. La sentó a la mesa, vestida como chica bien, pero con la lengua de toda una puta; bien afilada para la mina que la envidia, bien compradora para el tipo que la desea.
   El bocado pasó, y la cuñada abrió la boca para decir algo, pero se calló rapidito. Se levantó indignada de la mesa cuando su hermano besó a la puta mientras susurraba: "acabé". Y escuchó, claro que escuchó, porque estaba enfrente de ellos con los ojos atravesando la mesa, adivinando lo que pasaba ahí abajo. 
   Silencio. Risas.
   La madre se disculpa con la chica bien, su hija está sensible, el novio la dejó y se fue con una cualquiera.

miércoles, 22 de junio de 2011

Cercenada

    Ella dice que está muerta, pero no le creo. Siempre fue muy mentirosa; no por desconocer el valor de la verdad, sino por apreciar el arte de la mentira bien formulada, tan real que aplasta todo lo sincero hasta ahogarlo. Por eso no le creo, aunque perjure y perjure, y me muestre el abdomen manchado de sangre.
    Me siento, y desde la silla la veo retorcerse. Dice que sufrió mucho, que es desesperante sentir como la garganta se cierra y no podés respirar. Que solamente te queda contar y esperar el sonido salvador de la ambulancia, que no llegó, porque no la llamé. Y me mira, con odio y resentimiento, porque ella no tuvo fuerza para alcanzar el celular, que estaba en la mesa de la cocina, donde esta tarde habíamos estado tomando mate y charlado de la vida.
    Susurra, se esfuerza por putearme con esa lengua viperina que tanto disfruté acariciar con la boca. No la escucho, porque me imagino tomándola fuerte, sacándole la expresión de odio de un sacudón. Pero no es momento, lo sé, por eso mejor me enojo y le digo que se calle. Al primer grito me hace caso, y sonríe con una falsedad que me indigna.
   Me repite que está muerta, doblemente no le creo. Los ojos se le dieron vuelta, y su cara tiene una expresión fatal, no me importa. Yo todavía la quiero, pero hay cosas que no se le hacen a uno, estas son las consecuencias.
   Se ahoga, ya no espera la ambulancia. Contrae el abdomen y vomita sangre. Tose, creo que suspira mientras me hecha las mil y una maldiciones. Llora, sí, me parece que llora y dice que nunca me amó. Encima me hace esto; miente, engaña, echa culpas y ahora me hace sentir un pelotudo. Cómo le voy a creer otra vez, no puedo.
   Siempre fue hermosa, tremenda, pero tan loca. Nunca me salió entenderla. Hoy menos que menos, cuando me dijo que ya no estaba segura de nosotros, y me pedía un tiempo. Hoy menos que menos, cuando me confesó entre ese llanto de mierda que había conocido a alguien más.
   Me costó no quererla cinco minutos. Le rompí el corazón, esta vez de verdad, no como cuando me decía que la lastimaba cuando no le contestaba un puto mensaje. Y ahora llora, se queja, me dice que está muerta y no le creo. Ya no puedo, todo es una mentira, ella lo fue.
   No me habla, no se mueve.
   Sentado, con la vista fija en sus ojos eternos, aprieto fuerte el corazón entre las manos, que todavía está caliente y húmedo. Me resisto a creerlo, pero creo que la maté.


  

lunes, 20 de junio de 2011

No tiempo

Morderte la nariz.
Quedarme quietita.
No esquivarte el beso.
Sonreírte con sonrisa tonta.
                    No decir nada.
                    Escucharte respirar.
                    Esconderme abajo de las sábanas.
                                          Contar hasta diez.
                                          Buscarte entre mis piernas.
                                                                No pensar.
                                                                       Robarte un te quiero.
                                                                       Decir yo también.

domingo, 19 de junio de 2011

Distancias

Cerca, bien cerca,
          a centímetros escandalosos
ellos hablan en lenguas muertas
y se cuentan historias viejas,
de esas que empiezan en enero
con el sol que parte,
y acaban con la primera hoja de otoño
que toca el piso.
Cerca, más cerca,
           a milímetros irrespetuosos
ellos se leen los silencios,
porque son libros abiertos
con notas al pie en cada página,
una infinidad de aclaraciones contextuales
que no importan cuando el impulso les arranca 
suspiros de un pasado inmediato.
Cerca, tan cerca que se respiran la sangre,
           boca con boca
ellos pelean y se reconcilian,
y en la vorágine de esa noche que se estira
y estira hasta hacerse inacabable
se comen los pensamientos
y la razón.

miércoles, 15 de junio de 2011

Precipitaciones

Todo se precipita,
cae con una fuerza furibunda
mientras entierra recuerdos,
mientras arranca de raíz el te quiero
que una vez alimentó tus labios helados.
Y no puedo hacer nada,
porque perdí esta batalla el verano pasado,
cuando tus valijas decidieron irse lejos
llevándose la que yo era.
Golpe seco en el pecho,
que está hueco hace ya dos estaciones.
Fin, receso, ajuste tardío de cuentas.
Dame algo
porque todo se precipita,
tenés lo labios helados
         y yo me estoy muriendo de ganas
                              de quemarte la duda.

domingo, 12 de junio de 2011

(Hoy)

Sin querer (hoy) pensé en vos,
y me divertí sufriendo mientras te leía en mensajes viejos,
esos tan lindos que mandabas en enero,
cuando todo era húmedo y caluroso,
y me buscabas todo el tiempo
mientras yo me escondía en el pasado.
Sé que no sirve pensarte,
porque estás muy lejos,
a dos micros de distancia
y un zumbido en el monitor.
Pero tengo ganas de nombrarte,
aunque sea para mí, 
y ver tu foto de perfil
mientras espero encontrar una perdida en el celular.
Que no llega, 
que no llega más.
Ojala estés bien,
yo (hoy) pensé en vos.

jueves, 9 de junio de 2011

Abrir archivos

    "Hoy te pido que me escuches, porque tengo ganas de que hablemos hasta tarde. En realidad no sé exactamente por dónde empezar, y la primera línea me está costando horrores. 
     Tal vez necesites saber qué me impulsa a escribirte, y sólo puedo aventurar una explicación... te estoy necesitando en mi vida otra vez. Y no quiero, te aseguro, dejar que esto crezca o pretenda hacerse de mis pensamientos. Porque me gusta monopolizarlos, censurar las sonrisas que me puedan derrocar de mi propio auto-gobierno.
     Pero últimamente, quién sabe por qué, estoy perdiendo territorio y poder. Cuando me tocás (seguro sin querer, seguro sabiendo qué provocás), yo te sonrío, bien tonta, bien inocente. No pedís permiso, y avanzás sobre la paz armada que tanto costó construir. Es tu culpa si estalla la guerra, darling, estás avisado.
     Sigo, como una especie de satélite fiel e insondable, rondándote. Y vos seguís brillando  como un foquito fluorescente, como ese que me parte la cabeza cuando quiero dormir. Porque cuando estoy pensándote no puedo parar, y suelo venir acá, a escribirte cartas y archivar besos.
    No te imaginas la cantidad de cosas que esperan por vos. No sólo tengo una carpetita de besos a punto de estallar, sino otras tantas llenas de caricias, para darte abajo de las sábanas. Guardo cuidados especiales, para este invierno que promete películas francesas  y juegos de sobre-sueños. 
   Y vos estás tan lejos. ¿Ya te lo había dicho no? Podrías venir un poco de este lado, a donde da el sol y el tiempo se mide en te quieros. No quiero ser cursi, no quiero extenderme. Pero soy cursi y me extiendo, porque sos lo más lindo de esta ciudad, y no quiero que te eclipses con el sol de otoño.
  Te quiero darling, siempre termino en lo mismo. No creo que deje de hacerlo nunca, porque es de esas cosas que me salen bien naturalmente. Paso horas recolectando tus sonrisas, y te cuento algo, hace mucho no te veo feliz.
   Volvé a ser el chico que pide abrazos, ese que espera el te quiero dicho de pronto, sin razón. No te pierdas en faldas que te ciegan, y en recuerdos que empañan tu ruta. Acelerá, porque esto de ir tan lento me está mareando, y es hora del cambio. Es de noche, y es nuestra hora, salgamos a caminar".

miércoles, 8 de junio de 2011

Somnolienta

Creo que te llamo dormida,
con la cabeza hecha un caos
y el pelo revuelto,
con los sueños tibios
y la almohada en los ojos.
Creo que te digo:
                       te quiero,
                      ¿vamos al cine? 
                      o venite a casa...

Pero estás tan lejos darling,
tan ajeno a esto que me tiene despierta 
a estas horas
escribiendo(te) 
y lo más frustrante,
¿te cuento?
                  seguís leyendo(me) como si fuera para otro.

lunes, 6 de junio de 2011

Labios cuajados

Giro sin gracia alrededor de su nombre,
esquivando silencios que quemen
y letras enfermas.
Caigo de golpe sobre la esquina de un beso,
tan errante y mezquino que me enojo
y grito olvidos fingidos.
Pero tengo la voz débil,
ahogada por el invierno que asoma
y promete soledades.
No me escucha, no me teme,
no se fija en mis labios cuajados 
por el frío asfixiante.
Ruedo hasta su cama,
pierdo armas y tropas
y quedo desnuda
                              de pie.
Ahora me ve
lee los gritos
esconde el egoísmo en un bolsillo roto
prende la luz 
me besa el estómago tembloroso.

jueves, 2 de junio de 2011

Jueves

   En el medio de la calle, respirando humedad y noche de jueves, lo veo irse con mi respuesta en la boca. Sabe que me deja pensando en supuestos seguramente equívocos, en variables que me hagan feliz o decapiten mis ilusiones. Pero no le importa, y a veces creo que hace bien en mantenerse al margen de la vorágine de mis fantasías.
  Se da vuelta, y en la distancia me sonríe con esa sonrisa que frena autos y corazones. Intento recordar cómo es eso de caminar, un pie y luego el otro; no me sale. Me quedo inmóvil, con el pulso hecho una orquesta en plena función.
  ¿Te vas o me esperás? Del otro lado de la plaza coquetea con la luna, y me divierte ser espectadora no comprometida de sus miradas, que son lo más lindo de toda la ciudad. Ella todavía lo está descubriendo, yo lo aprendí hace rato.
   Salgo de mi pequeño colapso motriz-emotivo y camino hacia él (o corro, no sé bien). Pero el choque de silencios me desarma, y todo lo que quería decir se pierde en un llanto abrupto y estúpido. Me mira sin saber qué hacer, si abrazarme o esperar, porque nada dura para siempre, ni siquiera las lágrimas.
   Elige el abrazo fuerte, ese que te vuelve de una pieza. Lo miro con sonrisa rota y ojos rojos, encendidos de palabras a punto de reventar. Te quiero darling... pienso, digo y repito con la voz afiebrada. 
   Veo la duda en sus ojos, que aumenta hasta hacerse tangible a mis labios. Lo beso sin querer, con prudencia, sin saber cuánto contarle y cuánto esconderle. Pero no me sale bien eso de la puesta en escena, y en medio del acting revelo un par de infidencias.
   Que me hace falta, que lo busco con excusa y sin excusa, que lo sueño, que lo nombro en silencio y en susurros (a veces a los gritos), que no puedo sin él.
   Nos quedamos así, con la boca conversando cerquita, queriendo multiplicar estrellas e incinerar relojes. Ya no intenta irse, y salva distancias minúsculas con pasos de gigante. 
   Creo que apenas nos dimos cuenta de la gente circulando, y del semáforo en verde que destrabó el tiempo. Creo que tarde caímos en el viernes que se asomaba por la esquina, y la plaza amarilla latiendo al ritmo de junio. Creo, y sólo eso, que nos costó horrores detener la charla para empezar a hablar. 
    Lo quiero, es viernes, y tengo todo el día para aprender a caminar de la mano.