miércoles, 8 de junio de 2011

Somnolienta

Creo que te llamo dormida,
con la cabeza hecha un caos
y el pelo revuelto,
con los sueños tibios
y la almohada en los ojos.
Creo que te digo:
                       te quiero,
                      ¿vamos al cine? 
                      o venite a casa...

Pero estás tan lejos darling,
tan ajeno a esto que me tiene despierta 
a estas horas
escribiendo(te) 
y lo más frustrante,
¿te cuento?
                  seguís leyendo(me) como si fuera para otro.

lunes, 6 de junio de 2011

Labios cuajados

Giro sin gracia alrededor de su nombre,
esquivando silencios que quemen
y letras enfermas.
Caigo de golpe sobre la esquina de un beso,
tan errante y mezquino que me enojo
y grito olvidos fingidos.
Pero tengo la voz débil,
ahogada por el invierno que asoma
y promete soledades.
No me escucha, no me teme,
no se fija en mis labios cuajados 
por el frío asfixiante.
Ruedo hasta su cama,
pierdo armas y tropas
y quedo desnuda
                              de pie.
Ahora me ve
lee los gritos
esconde el egoísmo en un bolsillo roto
prende la luz 
y me besa el estómago tembloroso.

jueves, 2 de junio de 2011

Jueves

   En el medio de la calle, respirando humedad y noche de jueves, lo veo irse con mi respuesta en la boca. Sabe que me deja pensando en supuestos seguramente equívocos, en variables que me hagan feliz o decapiten mis ilusiones. Pero no le importa, y a veces creo que hace bien en mantenerse al margen de la vorágine de mis fantasías.
  Se da vuelta, y en la distancia me sonríe con esa sonrisa que frena autos y corazones. Intento recordar cómo es eso de caminar, un pie y luego el otro; no me sale. Me quedo inmóvil, con el pulso hecho una orquesta en plena función.
  ¿Te vas o me esperás? Del otro lado de la plaza coquetea con la luna, y me divierte ser espectadora no comprometida de sus miradas, que son lo más lindo de toda la ciudad. Ella todavía lo está descubriendo, yo lo aprendí hace rato.
   Salgo de mi pequeño colapso motriz-emotivo y camino hacia él (o corro, no sé bien). Pero el choque de silencios me desarma, y todo lo que quería decir se pierde en un llanto abrupto y estúpido. Me mira sin saber qué hacer, si abrazarme o esperar, porque nada dura para siempre, ni siquiera las lágrimas.
   Elige el abrazo fuerte, ese que te vuelve de una pieza. Lo miro con sonrisa rota y ojos rojos, encendidos de palabras a punto de reventar. Te quiero darling... pienso, digo y repito con la voz afiebrada. 
   Veo la duda en sus ojos, que aumenta hasta hacerse tangible a mis labios. Lo beso sin querer, con prudencia, sin saber cuánto contarle y cuánto esconderle. Pero no me sale bien eso de la puesta en escena, y en medio del acting revelo un par de infidencias.
   Que me hace falta, que lo busco con excusa y sin excusa, que lo sueño, que lo nombro en silencio y en susurros (a veces a los gritos), que no puedo sin él.
   Nos quedamos así, con la boca conversando cerquita, queriendo multiplicar estrellas e incinerar relojes. Ya no intenta irse, y salva distancias minúsculas con pasos de gigante. 
   Creo que apenas nos dimos cuenta de la gente circulando, y del semáforo en verde que destrabó el tiempo. Creo que tarde caímos en el viernes que se asomaba por la esquina, y la plaza amarilla latiendo al ritmo de junio. Creo, y sólo eso, que nos costó horrores detener la charla para empezar a hablar. 
    Lo quiero, es viernes, y tengo todo el día para aprender a caminar de la mano.
   

martes, 31 de mayo de 2011

Sí

El no cuelga de la punta de mi lengua
y se queda ahí mientras negocia con tus silencios,
que ceden poder, sí, pero con veintitrés concesiones y media.
No das respiro, darling, y me batallás a besos
que se cobran neuronas y litros de conciencia.
Intento irme, abandonar el cielo que asfixia
de tanto calor y primaveras.
Intento, lo juro, desatarme de tus manos
que se cobran mis sentidos con caricias ilegales.
Pero no puedo, ¿vos sí?
Yo me siento demasiado extraña en este corazón,
en esta cabeza que da vueltas alrededor de un nombre
que suena bien al alma, 
a la sangre que corre maratones,
a la foto que todavía no saqué.
No quiero decir no,
tengo ganas de que veas el sí
que imprimí en varias hojas amarillas
y desparramé por toda la ciudad,
para que la mesa de negociación se cierre
y la batalla termine en el sillón.

domingo, 29 de mayo de 2011

Cuidar (te)

No llores,
no te envenenes contra el tiempo y la distancia.
Yo sé que querés vestirte de caballero
y salir a combatir relojes y rutas,
pero eso no sirve de nada.
Lo aprendiste una vez,
dos veces,
quién sabe cuántas.

Te propongo acostarte en mi espalda, 
y soñar con el cuento escrito en diciembre, 
cuando todo era sol y viento tibio.
Dormir horas, días, semanas enteras, 
mientras te llevo por las diagonales y las plazas, 
enterradas bajo hojas de colores olvidados.
Despertar con caricias invisibles,
que se pierdan en el recuerdo del sueño,
ese que me cuentes con la lengua encendida.

Pedime lo que quieras,
pero no llores por favor.
No puedo ser feliz
si mi sol llueve nostalgias.

sábado, 28 de mayo de 2011

Juegos

   Entre juegos, de esos que empiezan por simple aburrimiento, aprendí que no puedo tener todo lo que quiero. A veces la mano es malísima y no hay quien te salve, y otras la confianza te mata antes de que puedas usar el bendito as. Es en momentos así, cuando hay que saber recordar por qué habíamos empezado a jugar para no desafiar a la suerte.
   Darling, tengo ganas de incinerar tanta regla tonta, sinsentido, que arbitra este ida y vuelta de besos convenidos por señales de humo. No aguanto tener que morderme la lengua para no perder mi turno, y andar negociando con el diablo para sacarte un cuerpo en la próxima jugada.
   No hay ganadores ni perdedores, ni siquiera tizas para llevar la cuenta en la vereda. Pero vos peleas por esos puntos que te saqué de ventaja en la última vuelta, y yo todavía discuto por los centímetros de más que tuve que avanzar solita, a ciegas. 
  No hay más premio que tu sonrisa petulante convertida en mueca por mi retruque. Te quejás, me mirás con odio, me besás, me decís te quiero. Entonces se distrae la jugadora experta, que se cae hacia atrás unos veinte casilleros, y te mira con la inocencia primera de la que nunca jugó.
  No me olvido, no te preocupes, no puedo tener todo lo que quiero. Pero cada tanto se me escapa del saber cotidiano, y es ahí cuando acepto volver a combatirte en el sillón, perdiendo a las horas, sin saber bien por qué.

martes, 24 de mayo de 2011

Olvido: concepto

   No me convence el concepto de olvido, me parece demasiado complejo y utópico. Cómo es posible desprenderse de las marcas del inconsciente más consciente, de la piel llena de besos y caricias de lluvia. Cómo podemos amputar del calendario los meses que ya no nos conviene recordar, porque los extrañamos tanto que nos duele revivirlos en la cama.
   Darling, no es que crea que mentiste cuando hablaste de olvido. Incluso sé que puedo poner en práctica la idea, algunas veces, por tiempos cortos. Pero no siempre me sale, y la recaída es terriblemente dura. Cada tanto me estampo contra el suelo de una mirada tierna, que me mira y se ríe de un comentario inoportuno, del color encendido de mis cachetes. Y quiero volver con un deseo tan grande, que me asusto.
   Decime, cómo mandar al rincón a ese chico tan dulce que me abrazó bien fuerte, con un miedo atroz por lo que se nos venía encima. Cómo robarle la voz, censurar un discurso que me encanta escuchar. Extraño tanto ese te quiero dicho de pronto, cerquita del oído, con palabras entre medio que escondían las promesas de lo que se llama eterno, pero dura quinientos veinte mil trescientos cuarenta y ocho besos. Los suficientes para gastarnos los sueños, las noches en la cama del otro jugando a los conquistadores.
   No me convence eso del olvido, qué querés que te diga. Porque pasan las horas, los días, los meses. Pasé por el verano más húmedo que vio esta ciudad, por el otoño más amarillo, y ahora, se me cae el invierno encima. Lo más gracioso es que, todavía, no me sale olvidarnos por más de diez minutos.
   Dame tu receta darling. Cómo haces para mirarme y no ver lo que pienso, siempre tan notorio en mi cara (aún a mi pesar). Cómo te das la vuelta, dejándome sentada en esa plaza que nos vio devorarnos con ansias, con miedo, con terror del olvido. Ese olvido que hoy llevas como estandarte, como una prueba de que pudiste y yo no... ¿pudiste qué?
   Me vuelco en teorías que no tienen ni patas ni cabeza. Tengo sueño, y ganas de verte, y ya son más de las doce. Despedí a la cenicienta hace más de un cuarto de hora, y quedé yo rezongando por el zapatito que te quedaste y no querés devolver. Vení de una vez, estoy esperándote.
   No creo en el olvido. Vos seguís siendo lo más hermoso de esta ciudad.
   
   

lunes, 23 de mayo de 2011

Lo que NO quiero.

No quiero tirar tus canciones,
esas que cantabas bajito para que sólo yo te escuche.
No quiero devolverte ni un beso,
porque los tengo apilados por toda la casa
y ahora son míos;
unos juntan polvo entre los libros,
otros me saludan cada mañana
y me invitan a recordarte
(yo trato de rehusarme, lo juro).
No quiero borrar los te quiero, te extraño,
olvidame, volvé...
Porque todo eso soy yo,
un experimento que te salió
mal o demasiado bien,
y ahora no podes desarmar.
Te necesito darling,
hoy más que siempre,
porque parece que el invierno
se instalo en mi cama
y no quiero temblar más.

Myself II

  Hoy toca hablar de mí. No es que me crea que este blog es un diván, en el que se me permite tirar toda la locura que tengo encima. Pero hoy no tengo otro lugar al que correr, y este me queda cómodo, afuera hace mucho frío...
  ¿Por dónde empiezo? y, digamos que por el final, porque justamente hoy terminé algo. Di fin a un invento, una mascarada que quise sostener para hacerme creer el cuento de la superación. Pero yo sabía (siempre lo supe) que nada estaba tan resuelto ni tan digerido, que todavía quedaban palabras sueltas que no encajaban en ningún lado y me perseguían cuando me descuidaba.
  Y sí, me equivoqué un poco, bastante a decir verdad. Sostuve la fantochada, fingí (¿fingí?) sonrisas. Dije te quiero, te odio, te quiero y te odio otra vez. Él sacó mi lado más inconstante, ciclotímico, pesado, caprichoso, estúpido. Pensar que conoció a ambas... pero no quiso a la que dejaste, y tampoco sé si quiso a la que tuvo.
  Traté de ser dos, la despreocupada que aceptaba complaciente sus llamados de madrugada, y la tonta que cada tanto piensa en "y si...". Mezclé todo, y ahora me quedé en la nebulosa más absoluta.
  No estoy triste, estoy... vacía, si, así se siente. En unos meses, a la distancia, creo que voy a notar mucho más mis errores. Hoy los veo, y justifico, porque cuando me faltaste alguien tenía que ocuparse de mí, porque sola no podía.
  Puf, hablar de mí me enoja, porque generalmente es para criticar, para descargar cosas poco gratas. Prometo algún día una entrada feliz, me lo prometo a mí misma. Suerte salvavidas, hoy me lanzo a nadar sola.  Suerte darling, ojala que estés bien. Suerte para mí, que la noche se me vino encima, y tengo miedo de lo que vaya a soñar.

sábado, 21 de mayo de 2011

Enredos

Te fascina especular,
encontrar una respuesta para esto que no entendemos
y que sigue creciendo
(tan silenciosamente que asusta).
Pero es imposible,
no pierdas noches enteras
ni tardes de siesta.
Dejate convencer por mis enredos,
y juguemos con reglas no escritas
que surgen de besos imprudentes,
de silencios provechosos 
y paseos a las dos de la mañana
por esa callecita vacía.
Quereme darling,
yo te enseño.

Idas

Doblaste en esa esquina sin mirar atrás.
Yo me quedé inmóvil un buen rato,
mientras sentía un nudo en el estómago
que me estrangulaba y me partía en dos,
y me daba cuenta (impotente)
que no podía hacer nada para que te quedes conmigo
en esta ciudad tan húmeda, tan gris.

Te fuiste adeudando dos besos y medio,
con la promesa de olvidos y recuerdos
que me ayuden a armar un presente más tolerable,
 y un futuro que me aterra y excita,
porque tiene tu nombre escrito en cada letra.

¿Vas a volver?
eso me pregunto mientras intento recordar que tengo que mover los pies,
porque la luna se cae del balcón de una Julieta sin Romeo
y quiero estar en mi cama,
para soñarte mucho, hasta cansarme.
Ojala me despierte con un mensaje tuyo,
que diga: Yo también.

Te quiero tanto darling 
que a veces me olvido que no puedo sin vos.


miércoles, 18 de mayo de 2011

Hoja en blanco

    Hace tres meses que no salgo de esta casa, de la rutina angustiosa de la maquinación constante. No estoy comiendo bien, a veces hasta me olvido de hacerlo. Y no duermo, me asusta lo que pueda soñar; las ojeras ya me pisan los hombros.
   Todo es culpa tuya. Porque te veo ahí, desparramada en la cama, lo más relajada del mundo. Desde esa posición  me pedís que te diga algo, pero me quedo mudo. No me sale ni una puta palabra. Y te reís silenciosamente, para que no me sienta tan estúpido. Pero me doy cuenta, qué te pensas.
   Ahora exigís y escondés la comprensión abajo de la almohada. Me sueno los dedos, muerdo la lengua y contengo el silencio. Nada. Ni un había una vez se cuela por mis labios entreabiertos. El odio me enerva, agita mi pulso y comprime el pecho.Toda mi contención se va con tu última provocación, te movés entre las sábanas por el viento que apenas te hace cosquillas.
   Te rodeo, te amenazo con la mirada. Pero luego, me salen palabras malignas que azotan tu cuerpo. Los improperios son unidireccionales, porque vos me matás con la indiferencia. Ni una palabra y toda la expectativa que no logro satisfacer. No puedo darte lo que querés.
  Me siento cerca tuyo. Trato de analizarte, pero sos tan imposible que desisto rápido. Cómo entenderte, si nunca pude. Siempre fuiste un misterio para mí. Por eso me maravillás y me provocás el insomnio de las noches que no terminan más.
  Seguís impasible, ajena a todo.
  Lloro y me río, todo junto, a la vez. Lloro por lo miserable que me siento, tan cerca y tan lejos tuyo. Tan lleno de sentimiento y tan vacío de palabras que regalarte. Me río por tu actitud distante, y por el odio que eso me genera. Te quiero y detesto, esas contradicciones me gustan y me causan gracia. Somos un chiste, vos también, porque esta noche sos mía.
  No sé en qué momento perdí la razón, seguramente a causa de las horas de ayuno e insomnio. No me culpes si pienso mal, y hago lo que no debería. Perdón si te tomo sin cuidado. Perdón si te te observo como objeto de laboratorio, buscando tu punto débil, y te rompo. Perdón si te tiro sin cuidado, sin ocultar el delito bajo la cama o mi ropa.
  Observo el crimen de tu cuerpo blanco y delgado deshecho sobre la cama. Vos te lo buscaste, ¿o no? No fuiste comprensiva, y me pusiste entre la espada y la pared. Reaccioné como pude, como me salió.
  Voy hasta el baño, y pienso en la pelotudez que me mandé. Me duele lo que te hice. Pero antes de que la culpa me haga mal, agarro mis pastillitas para dormir. Me tomo un par, no sé cuántas. Quiero dormir mucho, años de ser posible. Así que trago una atrás de la otra.
  Me agarro de la inconsciencia con toda la fuerza del pensamiento. En mi sueño estás vos, con las pupilas vacías, diciendo: "allá te espero". Te persigo, te abrazo y susurro al fin el principio de la historia, que me invente mientras moría en esta noche de mayo.



martes, 17 de mayo de 2011

Encuentros cercanos

Sentirte próximo, 
a unos centímetros irrespetuosos.
Respirarte la duda,
mientras me muerdo la lengua
para no darte respuestas que ya conoces,
que ya evaluaste y rechazaste quién sabe por qué.
Sentirte lejos,
con la angustia de quererte adentro mío,
desparramando tus besos agridulces
que me llenan de deseo e incertidumbre.
Porque hoy estás conmigo,
pero el lunes quién sabe dónde
y en unos meses ni lo imagino.
Darling te quiero,
y estás tan cerca que me tienta tu tristeza.
Perdón si te robo un poco de aliento sin permiso,
ojala mi beso te despierte del insomnio
y te sueñes conmigo alguna vez.

viernes, 13 de mayo de 2011

El espejo de Nuria

   Nuria se pasea en círculos delante del espejo, trazando un ida y vuelta sin fin y sin sentido. Le esquiva a su imagen, porque tiene miedo de verse como realmente es. Detiene su marcha y levanta la vista. "Esa no soy yo" piensa, y se toca la cara para confirmarlo. Pero aquella extraña levanta las cejas cuando Nuria duda, y se muerde los labios mientras intenta encontrarse en el reflejo.
   Los ojos son oscuros, casi negros, y las pupilas sin brillo. Parpadea, frunce la nariz, su mirada no expresa nada. Tiene los labios partidos, y cuando intenta sonreír parece que se descocieran en una felicidad inventada. Furiosa, toma un lápiz de labios de su cartera y se pinta de un rojo violento. 
   Se toca la piel pálida, fría. Mientras se detiene en un moretón violáceo sobre el párpado derecho, piensa que está en un cuerpo ajeno. Reprime un suspiro y sigue investigando. Cerca de la sien una cicatriz la estremece. Intenta forzar la memoria, recuperar una anécdota graciosa que justifique el dolor del cuerpo, pero no lo consigue.
  Siente asco de la raquítica sufriente del espejo, que la mira con miedo y perplejidad. Nuria se busca detrás de la ropa holgada y oscura. Apoya la cabeza contra el cristal, la mira -se mira-, fijo y a los ojos. No hay respuesta del otro lado.
  La tonta llora, y ella la ve impotente sin poder hacer nada. Se seca las lágrimas con el puño de la remera, y se abraza para darle consuelo. Pero no consigue mayores victorias, y siente la humedad en los labios delgados. 
 Improvisa posturitas,  buscando desesperadamente reconocer al menos su cuerpo. Imposible. Nuria ve huesos y penas envueltas en ropa. Se horroriza de la tristeza caminante de ese vientre plano, que hace meses no siente el calor de una caricia.
 ¿Quién es ella? se dice otra vez, mil veces más. Primero para sí, luego en susurros, más tarde en gritos, después al espejo. Nuria se enoja con lo que ve, porque hace meses que evita verlo. Eso es ella, una mala copia de lo que una vez fue. Siente vergüenza.
  Ya no da vueltas, y se queda quietita haciendo una última inspección, hasta que descubre un detalle familiar. La puta cadenita esa, que le regaló él para su cumpleaños. Ese día todo cambió, porque Nuria olvidó que tenía que decir a todo que sí, porque las cosas no podían ser distintas a como él pensaba. Y vino el primer golpe, que dolió menos de lo que humilló. 
 ¿Cómo pasar frente a un espejo y querer verse? era inadmisible, porque la imagen devuelta era una invitación a enfrentar el presente, y eso era desafiar "el orden natural" que le habían impuesto sin preguntar.   Pero hoy algo cambió, porque el pulso de su querido se hizo susurro en la noche de año nuevo, y Nuria pensó que era buen día para verse.
  Mientras sonríe, con tímida convicción, el timbre suena y Nuria corre a la puerta, no sin antes ensayar una expresión angustiosa. Los del sepelio ya llegaron, y ella es una viuda golpeada (por el dolor).
  
   

domingo, 8 de mayo de 2011

Doubt

Te dudo otra vez
mientras decís no sé y pedís tiempo,
mientras en mi confusión mezclo nombres y fechas
y olvido que te quiero mucho o nada.
Te dudo,
porque te sentaste en la punta de mi cama
y yo te espero bajo las sábanas para dormir juntos
y soñar, tal vez, algo parecido.
Pero me dejas sola,
y la noche me pesa 
y se me cae encima. 
Sueño con vos, con él, 
con el triángulo de esquinas punzantes.


Te dudo, porque no puedo dejar de dudarme.
¿Es correcto intentar disciplinar los sentimientos?
Creo que estamos equivocados,
y yo aún más por usar antifaces de una noche,
por pretender alargar la historia
que pinta para microficción.
Seguí dudando
por vos y por mí,
por la que te ama
y por la que todavía no sabe que siente.

sábado, 7 de mayo de 2011

Tú, poema

Estoy dando vueltas alrededor de tu nombre,
mientras intento escribir algo parecido a un poema
y me ahogo en canciones que hablan de vos.
Pero no hay rima ni color que te quede bien,
porque sólo combinas con el presente que esquivas
y el futuro que en secreto (o no tan secreto) espero.

Darling, no puedo repetirte todo el día
y gastar tus vocales a costa de autoanálisis.
¿Pero es posible agotarte, partirte en pedazos chiquitos
y congelarte en el pasado?
¿Te volverás difuso, enredado,
una foto desenfocada de la sonrisa más hermosa de la ciudad?
Por favor, no me saques el placer de verte.

Mi poema se deforma y se convierte en súplica,
después en duda y lamento, 
hasta acabar en confesión.
Y empiezo por el final, 
por el silencio que le sigue al te amo.
¿Porque sabías que te amo no?
Es una de esas cosas que pretendí que adivinaras
cuando debería habértelo repetido varias veces,
hasta asegurarme de que no lo olvides más.

Tu nombre se acuesta en una esquina
y yo me siento al lado.
Espero que vengas (más ansiosa que siempre)
para poder escuchar lo que escribí esta noche,
tan helada que tecleo lentísimo
y las ilusiones se enfriaron en mis labios,
esperando tu beso.

jueves, 5 de mayo de 2011

Des-Encuentros

Si te busco y te encuentro,
pero más tarde me voy
y te dejo con tus dudas y las mías,
                      perdón.
                               
No intentes entenderme...
olvidame por unos días
y haceme reír como hoy, 
como siempre.

Complicame con un te quiero,
enterrame con un beso
para que no pueda irme más
y al fin seamos lo que fuimos una vez,
(hace tiempo)
               en un sueño.


martes, 3 de mayo de 2011

Licencias

Te llamo otra vez,
porque no lo dije todo
o creo que lo dije mal.
Y me escuchás, 
con ese silencio que me anula,
porque me recuerda que no sé qué pensas
y puede que sólo estés esperando que me calle.

Confieso duda.
Acepto estupidez.
Hago agua en un discurso que ni yo entiendo, 
cuando no hace falta más que ser sincera
(suicidamente sincera de ser posible)
y decirlo, gritarlo despacito, sin miedo.

Te quiero, darling

Hoy me tomo licencia,
no pienso
y te cuento que anoche me dormí extrañándote.

viernes, 29 de abril de 2011

Tour

   Quiero contarte que, sin querer, vi en tus ojos eso que una vez se desbordó en palabras. Simplemente un chispazo en la mirada, una luz distinta que me hizo sonreír y pensar que, quizás, no todo estaba olvidado y que, inevitablemente, ambos esperamos la revancha.
   También sin querer, porque no lo busqué ni lo provocaste, dejé que una imagen me consumiera por un segundo entero. Recordando se me vidriaron los ojos, y sentí ese vértigo tan maravilloso -que me llevó meses aprender a identificar- haciendo piruetas en mi estómago.
   Darling, si supieras cómo me costó plantar los pies en el suelo y no avanzar hacia vos. Tuve que hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para no decir lo que pensaba, para esconder de tus ojos la sonrisa tonta que no podía borrar de mi cara, para no acercarme despacito y agotarte con un abrazo.
  No sabría decir en qué momento me fui lejos, de tour por tus besos y ese verano que hoy hace tanta falta, porque la ciudad se tiñó de amarillo y la nostalgia se cayó del balcón. Pero fue ahí, de eso estoy segura, que notaste que algo pasaba, e intentaste adivinar lo que ya sabías y siempre supiste...que no te olvidé.

jueves, 28 de abril de 2011

Gracias...

Gracias
por el silencio justo y el te quiero dicho de pronto, sin aviso.
por las horas acostados en el pasto charlando de cosas tontas, de cosas importantísimas, de cosas que van y vienen para no volver más.
por escuchar mis historias con personajes de colores y finales abiertos.
por ese abrazo, que no te pedí y me diste sabiendo que me estaba por desarmar y necesitaba algo que me deje de una pieza otra vez.
por aguantar mis cambios de humor, y ese llanto que me agarra a veces porque sí y al teléfono.
por conquistarme de a poquito, sin exigir más que una sonrisa y un veremos.
por esa canción que tarareo todo el tiempo, incluso ahora mientras tecleo rápido para no olvidarme de nada.
por la ternura que escondes y revelas cuando estamos solos.
por ese beso y los que siguieron, que le robaron protagonismo a las palabras.
Gracias
"que te adoro sabrás, eso SIEMPRE será igual":

martes, 26 de abril de 2011

Incluso un poco más

Quererte mucho,
sin sueño y con luna
mientras te sacas las culpas de la espalda
y me dejas acariciarte.
Quererte más,
con la boca y con besos
que se ocupen de tus dudas.


Agotarme en vos,
sin pensar en la vuelta
y en la casa vacía.
Agotarte conmigo,
hasta que te duermas en mi panza
escuchando cuentos sin nudo
que empiezan con Once upon a time.

Dejar que me quieras,
para poder decirte: Yo más.

domingo, 24 de abril de 2011

Dos estaciones

Hicieron falta dos estaciones enteras 
para que cambie de camino para ir a la facu,
de excusa cuando llego tarde,
de mirada y forma de reír.
Quizás un poquito más
para sacarme de encima la torpeza,
el te quiero dicho de pronto,
el cansancio por la noche larga y sin sueños.
Pero todavía no se va mi nostalgia
y esa tendencia autoinmune de aferrarme
a quien me hace bien.
Aunque me mantenga a una distancia prudencial,
y evite esos roces incómodos
en los que mi trabajo de meses tambalea,
algunas veces los accidentes pasan.
No es que me puedas,
pero con vos soy más yo de lo que quiero ser.
Y si eso pasa, sin que pueda hacer nada,
voy a volver a ir por el diagonal más corto de la ciudad,
decir que el micro se retrasó,
mirarte con ternura y reírme fuerte.
Voy a trastabillar cuando salga de la cama,
decirte que te quiero demasiado
y mostrarte las ojeras de mi último desvelo.

Dos estaciones ya se cayeron cerca mío,
y todavía te amo.

viernes, 22 de abril de 2011

No te soporto.

No me toques,
no me digas la verdad,
no te quedes en mi cama
ni esta noche ni otra más.
No me vivas,
no me aceleres,
no te quedes a soñar 
cerca de mis sueños.

Porque te quiero, sí,
pero no te soporto.

No me busques,
no te pares en mi puerta,
no te comas mis mentiras
no me digas que me amas.
No me mates ni incineres,
no esperes más de lo que soy,
no te desarmes sobre mí
mientras te digo que no.

Porque no te soporto,
y te quiero más que siempre.

miércoles, 20 de abril de 2011

Narices rojas

"Sacamos bandera blanca y narices rojas, 
por el frío que esa noche se desparramó en la ciudad 
sin que podamos escondernos."
  
 Empezamos por la despedida, que no tuvo lágrimas ni abrazos extensos, sólo un te quiero bien bajito-dicho casi al paso- y un beso que no quería morir. Creo que fuimos desordenados, o quisimos decir no desde el principio. Aún no lo tengo claro, y sólo puedo suponer. ¿Cómo podría saber qué pensaste ese día, si ni siquiera sé en qué estaba pensando yo?
 Mientras te miro, intentando recordar lo que me había jurado olvidar, seguimos por dónde nos quedamos. Y aunque no sepa exactamente en qué calle o diagonal nos separamos, o si había tanto silencio como esta noche, busco con desesperación las respuestas que nos esquivaron por dos estaciones completas.
 Creo que hace frío, y que estoy temblando. Creo que el semáforo está en rojo, y los autos hace rato dejaron de pasar. Creo que nos estamos midiendo, y que me toca empezar. Darling, no puedo ser más que suicidamente sincera, absurdamente yo, y decirte las cosas sin filtro.
 Que te quiero y necesito, que te odio y no te soporto, que te pido que vuelvas y te vayas bien lejos, que te olvidé y no te suelto. Las confesiones se atropellan en mi lengua y son dichas sin pensar. Y vos estás ahí, escuchando, con los ojos vidriosos y los dedos queriéndose romper de tanto que los haces sonar. Todo es una escena extrañamente cómica.
 Nos reímos, porque la sangre se me fue a la cara y estoy roja. Y nuestra risa es ligera, corre hacia el silencio y lo seduce. El invierno, que se nos había caído encima y sin avisar, se calienta y nos da un tibio impasse. 
 Un auto pasa cerca de nuestros pies, pero no nos movemos. Queremos estirar la luna, para que no se vaya y tengamos que dejar de jugar. Me está gustando esto, no sé a vos...
 Te abrazo, porque tengo ganas de sentir cómo va de agitado tu corazón (y que vos sientas como el mío te gana). No decís nada, y es mejor, porque siempre tenés la palabra justa y no quiero que hables por hablar. Me resisto a la idea de dar por hecho todo, así que no doy por hecho nada, y salgo corriendo hasta llegar a la calle más oscura de la ciudad, mientras me río y lloro antes de darme cuenta que hoy es el verdadero reencuentro.

   

lunes, 18 de abril de 2011

Miradas

Sí, exactamente así me mirabas,
y a mí me encantaba la forma en qué lo hacías,
porque me abrazabas con los ojos
mientras yo te hablaba de cosas tontas,
de teorías formuladas en desvelo,
de las idas y vueltas de mi buen humor.
Y me escuchabas,
con esa atención de la que me hiciste adicta,
con esa comprensión propia
de quien tiene la misma locura.
¡Bingo! éramos parecidos (lo somos aún).

Yo fui en tu mirada
más de lo que soy en cualquier espejo,
más de lo que podré ser en la boca de nadie.

¿Te encegueciste?
Porque se me vino el invierno encima,
y necesito que me mires una vez más.

domingo, 17 de abril de 2011

De memoria

Desesperada
busqué por todos lados
una copia,
un registro de lo que me dijiste esa vez
mientras estábamos sentaditos en la plaza:
yo con las manos juntas sobre las rodillas,
vos con tus confesiones de verano
en la punta de la lengua.


Me costó bastante,
pero di con el original
escondido entre tus sábanas
escrito en desvelo y menguante.
Ahora, podes creerme,
te sé de memoria
y puedo recitarte abajo de la lluvia y sin paraguas,
o acostada boca arriba en el pasto.
Puedo, sin errores, empezar por el final
y terminar por el "querida",
porque no existe otra cosa que quiera oír más
-aunque sea de mi boca-
que me queres.
Te adoro.

martes, 12 de abril de 2011

El bulevar

No te rías, pero a veces (sólo a veces) nos imagino juntos,
y me coso la boca para no contarte lo bien que nos va.
Pero me cuesta horrores no decir nada,
mientras te veo perdido entre faldas ajenas
y cuentos de nudo imposible.
Cruzas la ciudad por esa diagonal tan húmeda
pensando en qué hacer con tu vida.
Y no sé si debería ayudarte,
o dejar que encuentres el bulevar por tu propia cuenta.
Me tienta decirte que queda cerca de casa,
y que soy el mejor atajo.
Me tienta decirte que nos imaginé juntos,
y que eras muy feliz.
Pero me callo, al menos por hoy.

domingo, 10 de abril de 2011

So close

Bien cerquita de tu cuello suspiro soledades,
de esas que me atacan siempre que hace frío.
Y me quedo ahí disfrutando del calor,
de la ráfaga tibia que me seca los ojos mojados
mientras te miro.
Bien cerquita de tu boca busco el eco de tu piel,
pero me distraigo (con justa excusa)
cuando sonreís con sonrisa de mil soles,
que me despierta de la siesta impuesta
y el desvelo voluntario.
Tan cerquita de tu nombre se me olvida el mío,
pero soy más auténtica que nunca.
Y aunque no sepa bien qué decir o qué callar,
no me importa,
porque existe ese tiempo que me das
y ningún otro puede,
en el que todo es perfecto.

jueves, 7 de abril de 2011

Querer(te)

    Quererte es fácil.

    Quererte es como respirar, sale solo, sin que tenga que forzar los pulmones; como acostarme en el pasto, y dejar que las palabras se quemen con el sol; como escribirte canciones a las dos de la mañana, mientras imagino que estás por venir.


    Quererte es algo natural. 

    Quererte es dejar que la lluvia caiga hacia abajo, mientras camino sin paraguas y sin frío; es disfrutar el final de esa peli francesa, que me hizo llorar quince minutos enteros; es cerrar los ojos y apoyar bien fuerte la cabeza en la almohada, hasta que el sueño me gane como siempre.

    Quererte me sale bien.

    Quererte es para mí como una habilidad innata, unas de esas cosas que te salen porque sí y mejor que a nadie, un don de dudosa procedencia y aplicable únicamente a tu nombre.
                                                                                                    
 (Debe ser por todo esto que te quiero tanto).

   

domingo, 3 de abril de 2011

Myself

   Voy caminando con los auriculares puestos y la música a todo lo queda, intentando ahogar tu voz. Pero es imposible, porque te escucho con tanta claridad que me sangran los oídos. Y tengo miedo de quedarme sorda, y no escuchar a quienes me piden que sean más yo, y menos esta desequilibrada en quien me convertí.
    Suena Sanz y Sabina, No hago otra cosa que pensar en ti,  me río (casi lloro) por el llamado de atención de mi propio reproductor de música. Quisiera encontrarme con Ale y Joaquin, como si fueran grandes amigos y terapeutas, y preguntarles si al final de la canción encontraron una forma de dejar de pensar en quienes aman. Pero dudo que la receta sea igual para todos, o que yo sea tan hábil como para aprender.
   Camino un poco más rápido, porque se está haciendo de noche y sin sol me pongo sensible, cosas de loca. Voy atenta, para no pisar las líneas de las baldosas  y que me caiga un piano encima, porque esa es mi suerte. No sé en qué momento me pongo a llorar.
   Mi tristeza no es escandalosa, soy más del tipo que sufre en silencio. Tengo complejo de mártir. Pero cada tanto se me escapa un gemido, y un par de lágrimas caen de cabeza por mi nariz. Ojala me disculpes, ninguna tiene tu nombre, sólo tus silencios.
  Creo que nadie me ve triste, o nadie quiere verme así. Los entiendo, a todos nos aterra el dolor ajeno, y no saber cómo lidiar con el. Así que no puedo más que esperar que alguien me vea, y me abrace, para sentirme menos sola en medio de 7 y 51.
  Llego a la parada del micro, bendito oeste 27 que te haces desear, y me calmo. No da hacer escenas en público, no me gusta eso (aunque mi lema siempre fue: "no importa, no me conocen"). Y mientras ahora suena "No puedo enamorarme de ti", se me hace un nudo en la garganta y hago fuerza para no llorar con ganas. Tarde Joaquin, ya me re enamoré. ¿Qué hago con eso?
  Ya sentadita, y mirando por la ventana en la pose clásica de la melancolía, analizo cada palabra que me dijiste. Es inútil, no hay trasfondos. Sos claro, simple, lineal. Yo soy rebuscada, loca, mujer. Por eso, entiendo mal o no quiero entender (me inclino por esta opción). O sea, sufro a conciencia, pero es algo que no puedo controlar.
  El viaje es bastante largo, pero se me va rápido mientras desgrabo nuestra última charla. De todo lo que dijiste sólo me quedo con la sensación de que tengo mala suerte, en serio; también con que tengo que abandonar un poco mi tendencia a ilusionarme y que no me importe yo. Voy a intentar eso del egoísmo como próxima religión, pero no llevada al extremo, tampoco hay que exagerar. Aunque pensar en mí por un rato me parece bien, sería algo nuevo. 
  Llego a mi casa, tiro el celular por ahí. Me siento en la compu, y te escribo "Hey! ¿cómo andas?", porque siempre quiero saber qué tal te van las cosas. Debe ser que te quiero. Y todo está bien, porque te entiendo mientras me trato de entender. 
  No quiero puntos finales, puntos y aparte, puntos y comas. No quiero nada que ralentice nuestras charlas, que frene los te quiero, o que se interponga en los abrazos. Ayudame a armar buenas historias, de esas que sólo a nosotros se nos ocurren. Porque ahora, mientras me contas cómo te fue anoche, no dejo de imaginar que tal nos hubiera ido juntos. 
  Te despido, me decís: buenas noches, te quiero. Creo que ni siquiera me sale el yo también. Todavía no, perdoname. Me voy a acostar, con nuevas lágrimas por recuerdos viejos, y con la sensación de que falta mucho para que deje de doler.

    

sábado, 2 de abril de 2011

Lo pasado.


  En la espera se volvió paciente, tanto, que podía pasarse horas sentadita en el pasto, esperando un viento tibio que le acaricie la nostalgia. Y quedarse quieta, contemplando el ir y venir de las nubes, mientras pensaba en los besos que una vez él le dio.