sábado, 7 de mayo de 2011

Tú, poema

Estoy dando vueltas alrededor de tu nombre,
mientras intento escribir algo parecido a un poema
y me ahogo en canciones que hablan de vos.
Pero no hay rima ni color que te quede bien,
porque sólo combinas con el presente que esquivas
y el futuro que en secreto (o no tan secreto) espero.

Darling, no puedo repetirte todo el día
y gastar tus vocales a costa de autoanálisis.
¿Pero es posible agotarte, partirte en pedazos chiquitos
y congelarte en el pasado?
¿Te volverás difuso, enredado,
una foto desenfocada de la sonrisa más hermosa de la ciudad?
Por favor, no me saques el placer de verte.

Mi poema se deforma y se convierte en súplica,
después en duda y lamento, 
hasta acabar en confesión.
Y empiezo por el final, 
por el silencio que le sigue al te amo.
¿Porque sabías que te amo no?
Es una de esas cosas que pretendí que adivinaras
cuando debería habértelo repetido varias veces,
hasta asegurarme de que no lo olvides más.

Tu nombre se acuesta en una esquina
y yo me siento al lado.
Espero que vengas (más ansiosa que siempre)
para poder escuchar lo que escribí esta noche,
tan helada que tecleo lentísimo
y las ilusiones se enfriaron en mis labios,
esperando tu beso.

jueves, 5 de mayo de 2011

Des-Encuentros

Si te busco y te encuentro,
pero más tarde me voy
y te dejo con tus dudas y las mías,
                      perdón.
                               
No intentes entenderme...
olvidame por unos días
y haceme reír como hoy, 
como siempre.

Complicame con un te quiero,
enterrame con un beso
para que no pueda irme más
y al fin seamos lo que fuimos una vez,
(hace tiempo)
               en un sueño.


martes, 3 de mayo de 2011

Licencias

Te llamo otra vez,
porque no lo dije todo
o creo que lo dije mal.
Y me escuchás, 
con ese silencio que me anula,
porque me recuerda que no sé qué pensas
y puede que sólo estés esperando que me calle.

Confieso duda.
Acepto estupidez.
Hago agua en un discurso que ni yo entiendo, 
cuando no hace falta más que ser sincera
(suicidamente sincera de ser posible)
y decirlo, gritarlo despacito, sin miedo.

Te quiero, darling

Hoy me tomo licencia,
no pienso
y te cuento que anoche me dormí extrañándote.

viernes, 29 de abril de 2011

Tour

   Quiero contarte que, sin querer, vi en tus ojos eso que una vez se desbordó en palabras. Simplemente un chispazo en la mirada, una luz distinta que me hizo sonreír y pensar que, quizás, no todo estaba olvidado y que, inevitablemente, ambos esperamos la revancha.
   También sin querer, porque no lo busqué ni lo provocaste, dejé que una imagen me consumiera por un segundo entero. Recordando se me vidriaron los ojos, y sentí ese vértigo tan maravilloso -que me llevó meses aprender a identificar- haciendo piruetas en mi estómago.
   Darling, si supieras cómo me costó plantar los pies en el suelo y no avanzar hacia vos. Tuve que hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para no decir lo que pensaba, para esconder de tus ojos la sonrisa tonta que no podía borrar de mi cara, para no acercarme despacito y agotarte con un abrazo.
  No sabría decir en qué momento me fui lejos, de tour por tus besos y ese verano que hoy hace tanta falta, porque la ciudad se tiñó de amarillo y la nostalgia se cayó del balcón. Pero fue ahí, de eso estoy segura, que notaste que algo pasaba, e intentaste adivinar lo que ya sabías y siempre supiste...que no te olvidé.

jueves, 28 de abril de 2011

Gracias...

Gracias
por el silencio justo y el te quiero dicho de pronto, sin aviso.
por las horas acostados en el pasto charlando de cosas tontas, de cosas importantísimas, de cosas que van y vienen para no volver más.
por escuchar mis historias con personajes de colores y finales abiertos.
por ese abrazo, que no te pedí y me diste sabiendo que me estaba por desarmar y necesitaba algo que me deje de una pieza otra vez.
por aguantar mis cambios de humor, y ese llanto que me agarra a veces porque sí y al teléfono.
por conquistarme de a poquito, sin exigir más que una sonrisa y un veremos.
por esa canción que tarareo todo el tiempo, incluso ahora mientras tecleo rápido para no olvidarme de nada.
por la ternura que escondes y revelas cuando estamos solos.
por ese beso y los que siguieron, que le robaron protagonismo a las palabras.
Gracias
"que te adoro sabrás, eso SIEMPRE será igual":

martes, 26 de abril de 2011

Incluso un poco más

Quererte mucho,
sin sueño y con luna
mientras te sacas las culpas de la espalda
y me dejas acariciarte.
Quererte más,
con la boca y con besos
que se ocupen de tus dudas.


Agotarme en vos,
sin pensar en la vuelta
y en la casa vacía.
Agotarte conmigo,
hasta que te duermas en mi panza
escuchando cuentos sin nudo
que empiezan con Once upon a time.

Dejar que me quieras,
para poder decirte: Yo más.

domingo, 24 de abril de 2011

Dos estaciones

Hicieron falta dos estaciones enteras 
para que cambie de camino para ir a la facu,
de excusa cuando llego tarde,
de mirada y forma de reír.
Quizás un poquito más
para sacarme de encima la torpeza,
el te quiero dicho de pronto,
el cansancio por la noche larga y sin sueños.
Pero todavía no se va mi nostalgia
y esa tendencia autoinmune de aferrarme
a quien me hace bien.
Aunque me mantenga a una distancia prudencial,
y evite esos roces incómodos
en los que mi trabajo de meses tambalea,
algunas veces los accidentes pasan.
No es que me puedas,
pero con vos soy más yo de lo que quiero ser.
Y si eso pasa, sin que pueda hacer nada,
voy a volver a ir por el diagonal más corto de la ciudad,
decir que el micro se retrasó,
mirarte con ternura y reírme fuerte.
Voy a trastabillar cuando salga de la cama,
decirte que te quiero demasiado
y mostrarte las ojeras de mi último desvelo.

Dos estaciones ya se cayeron cerca mío,
todavía te amo.

viernes, 22 de abril de 2011

No te soporto.

No me toques,
no me digas la verdad,
no te quedes en mi cama
ni esta noche ni otra más.
No me vivas,
no me aceleres,
no te quedes a soñar 
cerca de mis sueños.

Porque te quiero, sí,
pero no te soporto.

No me busques,
no te pares en mi puerta,
no te comas mis mentiras
no me digas que me amas.
No me mates ni incineres,
no esperes más de lo que soy,
no te desarmes sobre mí
mientras te digo que no.

Porque no te soporto,
y te quiero más que siempre.

miércoles, 20 de abril de 2011

Narices rojas

"Sacamos bandera blanca y narices rojas, 
por el frío que esa noche se desparramó en la ciudad 
sin que podamos escondernos."
  
 Empezamos por la despedida, que no tuvo lágrimas ni abrazos extensos, sólo un te quiero bien bajito-dicho casi al paso- y un beso que no quería morir. Creo que fuimos desordenados, o quisimos decir no desde el principio. Aún no lo tengo claro, y sólo puedo suponer. ¿Cómo podría saber qué pensaste ese día, si ni siquiera sé en qué estaba pensando yo?
 Mientras te miro, intentando recordar lo que me había jurado olvidar, seguimos por dónde nos quedamos. Y aunque no sepa exactamente en qué calle o diagonal nos separamos, o si había tanto silencio como esta noche, busco con desesperación las respuestas que nos esquivaron por dos estaciones completas.
 Creo que hace frío, y que estoy temblando. Creo que el semáforo está en rojo, y los autos hace rato dejaron de pasar. Creo que nos estamos midiendo, y que me toca empezar. Darling, no puedo ser más que suicidamente sincera, absurdamente yo, y decirte las cosas sin filtro.
 Que te quiero y necesito, que te odio y no te soporto, que te pido que vuelvas y te vayas bien lejos, que te olvidé y no te suelto. Las confesiones se atropellan en mi lengua y son dichas sin pensar. Y vos estás ahí, escuchando, con los ojos vidriosos y los dedos queriéndose romper de tanto que los haces sonar. Todo es una escena extrañamente cómica.
 Nos reímos, porque la sangre se me fue a la cara y estoy roja. Y nuestra risa es ligera, corre hacia el silencio y lo seduce. El invierno, que se nos había caído encima y sin avisar, se calienta y nos da un tibio impasse. 
 Un auto pasa cerca de nuestros pies, pero no nos movemos. Queremos estirar la luna, para que no se vaya y tengamos que dejar de jugar. Me está gustando esto, no sé a vos...
 Te abrazo, porque tengo ganas de sentir cómo va de agitado tu corazón (y que vos sientas como el mío te gana). No decís nada, y es mejor, porque siempre tenés la palabra justa y no quiero que hables por hablar. Me resisto a la idea de dar por hecho todo, así que no doy por hecho nada, y salgo corriendo hasta llegar a la calle más oscura de la ciudad, mientras me río y lloro antes de darme cuenta que hoy es el verdadero reencuentro.

   

lunes, 18 de abril de 2011

Miradas

Sí, exactamente así me mirabas,
y a mí me encantaba la forma en qué lo hacías,
porque me abrazabas con los ojos
mientras yo te hablaba de cosas tontas,
de teorías formuladas en desvelo,
de las idas y vueltas de mi buen humor.
Y me escuchabas,
con esa atención de la que me hiciste adicta,
con esa comprensión propia
de quien tiene la misma locura.
¡Bingo! éramos parecidos (lo somos aún).

Yo fui en tu mirada
más de lo que soy en cualquier espejo,
más de lo que podré ser en la boca de nadie.

¿Te encegueciste?
Porque se me vino el invierno encima,
y necesito que me mires una vez más.

domingo, 17 de abril de 2011

De memoria

Desesperada
busqué por todos lados
una copia,
un registro de lo que me dijiste esa vez
mientras estábamos sentaditos en la plaza:
yo con las manos juntas sobre las rodillas,
vos con tus confesiones de verano
en la punta de la lengua.


Me costó bastante,
pero di con el original
escondido entre tus sábanas
escrito en desvelo y menguante.
Ahora, podes creerme,
te sé de memoria
y puedo recitarte abajo de la lluvia y sin paraguas,
o acostada boca arriba en el pasto.
Puedo, sin errores, empezar por el final
y terminar por el "querida",
porque no existe otra cosa que quiera oír más
-aunque sea de mi boca-
que me queres.
Te adoro.

martes, 12 de abril de 2011

El bulevar

No te rías, pero a veces (sólo a veces) nos imagino juntos,
y me coso la boca para no contarte lo bien que nos va.
Pero me cuesta horrores no decir nada,
mientras te veo perdido entre faldas ajenas
y cuentos de nudo imposible.
Cruzas la ciudad por esa diagonal tan húmeda
pensando en qué hacer con tu vida.
Y no sé si debería ayudarte,
o dejar que encuentres el bulevar por tu propia cuenta.
Me tienta decirte que queda cerca de casa,
y que soy el mejor atajo.
Me tienta decirte que nos imaginé juntos,
y que eras muy feliz.
Pero me callo, al menos por hoy.

domingo, 10 de abril de 2011

So close

Bien cerquita de tu cuello suspiro soledades,
de esas que me atacan siempre que hace frío.
Y me quedo ahí disfrutando del calor,
de la ráfaga tibia que me seca los ojos mojados
mientras te miro.
Bien cerquita de tu boca busco el eco de tu piel,
pero me distraigo (con justa excusa)
cuando sonreís con sonrisa de mil soles,
que me despierta de la siesta impuesta
y el desvelo voluntario.
Tan cerquita de tu nombre se me olvida el mío,
pero soy más auténtica que nunca.
Y aunque no sepa bien qué decir o qué callar,
no me importa,
porque existe ese tiempo que me das
y ningún otro puede,
en el que todo es perfecto.

jueves, 7 de abril de 2011

Querer(te)

    Quererte es fácil.

    Quererte es como respirar, sale solo, sin que tenga que forzar los pulmones; como acostarme en el pasto, y dejar que las palabras se quemen con el sol; como escribirte canciones a las dos de la mañana, mientras imagino que estás por venir.


    Quererte es algo natural

    Quererte es dejar que la lluvia caiga hacia abajo, mientras camino sin paraguas y sin frío; es disfrutar el final de esa peli francesa, que me hizo llorar quince minutos enteros; es cerrar los ojos y apoyar bien fuerte la cabeza en la almohada, hasta que el sueño me gane como siempre.

    Quererte me sale bien.

    Quererte es para mí como una habilidad innata, unas de esas cosas que te salen porque sí y mejor que a nadie, un don de dudosa procedencia y aplicable únicamente a tu nombre.
                                                                                                    
 (Debe ser por todo esto que te quiero tanto).

   

domingo, 3 de abril de 2011

Myself

   Voy caminando con los auriculares puestos y la música a todo lo queda, intentando ahogar tu voz. Pero es imposible, porque te escucho con tanta claridad que me sangran los oídos. Y tengo miedo de quedarme sorda, y no escuchar a quienes me piden que sean más yo, y menos esta desequilibrada en quien me convertí.
    Suena Sanz y Sabina, No hago otra cosa que pensar en ti,  me río (casi lloro) por el llamado de atención de mi propio reproductor de música. Quisiera encontrarme con Ale y Joaquin, como si fueran grandes amigos y terapeutas, y preguntarles si al final de la canción encontraron una forma de dejar de pensar en quienes aman. Pero dudo que la receta sea igual para todos, o que yo sea tan hábil como para aprender.
   Camino un poco más rápido, porque se está haciendo de noche y sin sol me pongo sensible, cosas de loca. Voy atenta, para no pisar las líneas de las baldosas  y que me caiga un piano encima, porque esa es mi suerte. No sé en qué momento me pongo a llorar.
   Mi tristeza no es escandalosa, soy más del tipo que sufre en silencio. Tengo complejo de mártir. Pero cada tanto se me escapa un gemido, y un par de lágrimas caen de cabeza por mi nariz. Ojala me disculpes, ninguna tiene tu nombre, sólo tus silencios.
  Creo que nadie me ve triste, o nadie quiere verme así. Los entiendo, a todos nos aterra el dolor ajeno, y no saber cómo lidiar con el. Así que no puedo más que esperar que alguien me vea, y me abrace, para sentirme menos sola en medio de 7 y 51.
  Llego a la parada del micro, bendito oeste 27 que te haces desear, y me calmo. No da hacer escenas en público, no me gusta eso (aunque mi lema siempre fue: "no importa, no me conocen"). Y mientras ahora suena "No puedo enamorarme de ti", se me hace un nudo en la garganta y hago fuerza para no llorar con ganas. Tarde Joaquin, ya me re enamoré. ¿Qué hago con eso?
  Ya sentadita, y mirando por la ventana en la pose clásica de la melancolía, analizo cada palabra que me dijiste. Es inútil, no hay trasfondos. Sos claro, simple, lineal. Yo soy rebuscada, loca, mujer. Por eso, entiendo mal o no quiero entender (me inclino por esta opción). O sea, sufro a conciencia, pero es algo que no puedo controlar.
  El viaje es bastante largo, pero se me va rápido mientras desgrabo nuestra última charla. De todo lo que dijiste sólo me quedo con la sensación de que tengo mala suerte, en serio; también con que tengo que abandonar un poco mi tendencia a ilusionarme y que no me importe yo. Voy a intentar eso del egoísmo como próxima religión, pero no llevada al extremo, tampoco hay que exagerar. Aunque pensar en mí por un rato me parece bien, sería algo nuevo. 
  Llego a mi casa, tiro el celular por ahí. Me siento en la compu, y te escribo "Hey! ¿cómo andas?", porque siempre quiero saber qué tal te van las cosas. Debe ser que te quiero. Y todo está bien, porque te entiendo mientras me trato de entender. 
  No quiero puntos finales, puntos y aparte, puntos y comas. No quiero nada que ralentice nuestras charlas, que frene los te quiero, o que se interponga en los abrazos. Ayudame a armar buenas historias, de esas que sólo a nosotros se nos ocurren. Porque ahora, mientras me contas cómo te fue anoche, no dejo de imaginar que tal nos hubiera ido juntos. 
  Te despido, me decís: buenas noches, te quiero. Creo que ni siquiera me sale el yo también. Todavía no, perdoname. Me voy a acostar, con nuevas lágrimas por recuerdos viejos, y con la sensación de que falta mucho para que deje de doler.

    

sábado, 2 de abril de 2011

Lo pasado.


  En la espera se volvió paciente, tanto, que podía pasarse horas sentadita en el pasto, esperando un viento tibio que le acaricie la nostalgia. Y quedarse quieta, contemplando el ir y venir de las nubes, mientras pensaba en los besos que una vez él le dio.


miércoles, 30 de marzo de 2011

Lo que es, por lo que fue.

   Malvinas fue una especie de tormenta de hierro, que inundó el continente hasta sepultarlo bajo el óxido. Destruyó puertas y ventanas, incluso casas enteras. Se llevo con ella fotos y cumpleaños, dejando atrás agujeros negros y abolladuras. Fue uno de esos desastres imposibles de medir, porque no hay números estáticos que puedan representar la devastación de la memoria...

  
   Ellos eran demasiado jóvenes, pero se sentían viejos y cansados. No lloraban. No por vergüenza, sino porque no servía. Las lágrimas sólo empeoraban el estado deplorable de sus cuerpos hambrientos e hipotérmicos, que a veces parecían resistirlo todo, y otras, estar a punto de partirse en dos.
 Ellos, los secuestrados por una guerra que perdieron antes de empezar, tenían prohibido pensar en el futuro. En su cabeza, primaba la conciencia de lo inestable del presente, y lo borroso que se volvía el pasado.Y cambiaron, demasiado tal vez. Porque sus ojos perdieron la inocencia, y se quedaron ciegos por la cataratas y el polvo de la detonaciones.
Aunque lo intentaron, no pudieron olvidar lo vivido. Los gritos y la desesperación cuando, de pronto, comenzaba el bombardeo. La impotencia, y las ganas de putear bien fuerte cuando estacaban a un compañero en medio del vendaval. El horror de las mutilaciones, de la gangrena, de los pies morados y marchitos por el frío ¿Cómo iban a poder tachar de sus registros los nombres de los muertos y no muertos, de los que dejaron su cuerpo, y de los que se olvidaron el alma en las islas?
¿Dónde quedaron esos chicos que fueron humillados y obligados a callar para no incomodar? ¿Cómo devolverles la vida que una mano negra les robó?
Quienes no murieron en la isla, quienes no se mataron en el camino, a quienes todavía les late el corazón, viven. Pero entre cada latido todavía escuchan bajito los gritos de un general, o el suspiro inconexo de un compañero moribundo...

 Todo está lleno de polvo. Caras, manos, bocas. Porque no se habla y es mejor así, ¿no? Porque se queman las memorias y se cosen lenguas.
 Todo está salpicado de sangre. Y sobre eso hay que hablar y escribir, y gritar con ganas y leer. Sobre eso hay que volver, y sacar fotos, y archivar fechas y nombres.
 No olvidemos. La tormenta pasó, pero las ventanas siguen rotas, y hay que mirar para adentro, y asegurarse de que no se robaron nada. Memoria.

martes, 29 de marzo de 2011

Chat



 "Es tarde (tardísimo) y seguimos hablando. Me decís que se terminó, que estoy distinta, que vos sos otro. Pretendes que me conforme con un simple adiós, mientras yo intento retenerte con cualquier excusa. Pero no me alcanzan las manos para teclear razones lo suficientemente rápido. Y te vas.
  Te pido que me atiendas, que me llames, que me encuentres alguna vez y no me pierdas para siempre. Pero tu ventana no titila hace diez minutos y no sé qué pensar. Lloro con lágrimas secas frente al monitor, que no me abraza ni consuela. 
  No sé cómo llegamos a esto, cuándo el negro se convirtió en blanco, o al revés, ya ni sé. Quiero explicaciones para el frío que estoy sintiendo, que no se va ni con veinte frazadas. Te pido que me salves de la hipotermia, y no me dejes entre las esquirlas de hielo. Tengo miedo.
  Volvés. Repetís cosas sin sentido, que no entiendo no sé si por tonta o por testaruda (creo que lo segundo). Antes de contestar te leo media docena de veces. Busco una doble intencionalidad en tus palabras, pero soy ilusa, es más simple que eso. Ya no me querés. Escape".

sábado, 26 de marzo de 2011

Analgésicos

  "Hoy, después de varios meses, me desperté pensando en vos. No fue casualidad, ni un intento de mi parte por traerte de vuelta a la rutina de mis sueños. Simplemente, es que empezó el otoño, y vos amabas el otoño, y pensé en lo feliz que estarías con que el verano se haya terminado.
   Te imaginé caminando entre árboles dorados y veredas crujientes. Pero en la ilusión no estabas solo, yo iba agarrada bien fuerte de tu mano, y cada tanto me apretabas los dedos con cariño.
  Las cuadras se nos hacían eternas, pero íbamos pisoteando hojas y contándonos historias sin nudo. Frenábamos en las esquinas, mirando antes de cruzar que no pase ningún recuerdo revoltoso, de esos que te aplastan sin compasión. Nos vi perdernos en una esquina borrosa, y desaparecer.
  Me desperté pensando en lo lindo que se sentía cuando me abrazabas, como sino pudiera romperme y fuera de una sola pieza. Me desperté escuchando tu voz en mi cabeza con una nitidez que me asustó, porque casi creí que de verdad estabas conmigo.
  Y ahora, no puedo volver a dormir, porque no quiero olvidar mi sueño. Lo recuerdo, manoseo, grabo de forma indeleble en mi memoria. Sé que es falso, que no pasó... pero puede pasar. Todo depende de cómo nos traten los soles que vienen.
  Hoy, después de varios meses, puedo decir que al fin me desperté. Estuve demasiado tiempo sumida en un sopor falso, provocado por analgésicos de olvido forzoso. Pero quiero recuperar la forma en que solía mirarte, la facilidad para darte una abrazo por qué sí, el te quiero sin vergüenza  y a los ojos, lo que sea que una vez sentí".

Amortizado

   " No es fácil para mí decirte lo que estoy pensando, y mucho menos lo que en estos momentos se debate en mis venas. No es fácil, creeme. Me tiemblan las piernas, y siento cómo se me va la voz bien lejos, para que no la pueda alcanzar.
    Cuando te conocí, eras uno de tantos, una de las muchas caras que reconocía como familiares pero no ataba a ningún nombre. En cambio ahora, estoy en perfectas condiciones de hacer un retrato mental de tus rasgos, sin omitir ni un detalle. Y tu nombre, ya lo habrás notado, recibe una caricia cada vez que te llamo.
    ¿Cuántas noches se nos fueron en charlas sobre mi tendencia al desastre, y tu tendencia a salvarme de los desniveles de las veredas? ¿Algunas vez las contaste? Me acuerdo de cómo te reíste cuando llegué a tu casa empapada, por culpa de un chaparrón inoportuno, después de ir al cine a ver esa película que me criticaste tanto. Con vos todo es anécdota.
   Te quiero. Suena raro, rarísimo. Es como si te hubiera robado la ternura por dos palabras y un suspiro. Y lo repito, porque ahora me las apropio y las escondo. Me gustaría decírtelo todos los días, amortizar la adquisición para el resto de nuestra vida.
   Te miro mirarme con mirada sonriente. Nunca creí que los ojos pudieran sonreír, pero los tuyos parece que sí, y lo hacen. Seguís sin decir nada. Me muerdo los labios, sueno los dedos, quemo las pestañas. Pienso en qué estarás pensando. No logro adivinar.
  Fueron tantas las veces que quise buscarte, y decirte, y gritarte, y grabarte en la memoria lo que siento. Pero siempre fue más fácil esperar, dejar que las cosas pasen. Y ahora que pasaron, estamos acá, y tenemos que decidir. En realidad, tengo que esperar tu decisión, porque yo tomé la mía desde el primer beso que me diste.
 Ya no puedo olvidar que siempre pedís el mismo gusto de helado, que te preocupas por todo lo que digo (como si fuera importante), que te encanta viajar y queres aprender a pintar. Ya no puedo tachar de mi cabeza tu nombre, y hacer como si tu cara fuera una de tantas, y que sólo me parece conocida.
 Te quiero. No dejes que pierda la facilidad con que ahora lo digo. No dejes que te pierda en ninguna calle oscura. No me dejes".

miércoles, 23 de marzo de 2011

Autumn

 El otoño se cayó del edificio más alto de la ciudad, ese que está cerca de Plaza Moreno. Con la caída, desparramó colores que tomaron las diagonales y recorrieron la ciudad de punta a punta. Todo quedó bañado en oro y ámbar, menos los juegos y los bancos llenos de abrazos.
 Las flores, inflamadas en celos, se escondieron para ser extrañadas en su ausencia. En cambio, el paraíso más viejo del lugar agradeció el cambio de vestuario, que esperaba con ansias desde que el viento se hizo más espeso. Todo quedó envuelto en ese influjo invisible, pero poderoso, de color sepia.





 El otoño es modesto, sencillo. Ofrece el marco para la foto perfecta, esa con sabor a nostalgia y té con miel. Se queda quieto, mientras uno disfruta de los propios recuerdos y hace crujir las hojas en la vereda. Irrumpe y se va sin pedir explicaciones, ni copias de las canciones que inspiró.

lunes, 21 de marzo de 2011

Pelea de almohadas

   
  Nacho decidió plantar resistencia y no dejarse ganar como la otra noche. Había sido humillado, y eso era algo que no podía tolerar. Luego de aquel incidente, no tenía más opción que implementar una rápida oposición y salir de la retaguardia.
  El plan era sencillo, pero tenía riesgos como cualquier enfrentamiento que se plantee en una habitación de dos por tres. Antes de acostarse, construyó un fuerte con almohadas para defenderse de los malos sueños, y dejó una luz prendida por si las dudas.
  Durante la primer hora estuvo atento a cualquier sombra extraña o sonido desconocido, sin conseguir más que un pequeño susto por culpa de un grillo inoportuno. Aún así, no quiso abandonar su postura defensiva, y se mantuvo firme.
  Optó por no caer en la paranoia, y recurrió a la dulce distracción de un chocolate con nueces. Pero el ruidito que hacía al masticar lo ponía nervioso, y al final quedó más tenso que al principio.
  Las siguientes dos horas fueron difíciles. Nacho se debatía entre el cansancio y su tenacidad. Quería llegar hasta el final, vencer a ese miedo que se proponía causarle insomnio, y algún que otro trauma a tratar cuando sea un cuarentón. Por esto, cada tanto se pellizcaba el brazo para despabilarse y saber que no estaba soñando. 
 Con un nuevo moretón, y la certeza de seguir en combate, pudo relajarse.  Movió un par de almohadas e inspeccionó toda la habitación minuciosamente (siempre desde la seguridad de la cama). Ningún sospechoso se dijo, y volvió a erigir el fuerte.
 La madrugada comenzó a pesar en los párpados agotados de Nacho, que bostezaba en forma escandalosa. Lo que sea que anduviera por allí, sabría que él estaba despierto y que no se dejaría asustar otra vez.
 Faltaba poco para que se hiciera de día, y la odisea terminara. El fuerte había caído, y las pesadillas no se acercaron a molestarlo. Iba a ser un buen día, aunque no estuviera en su casa hacía ya varios días, y su vuelta se atrasara cada vez más.
 La puerta de su habitación se abrió despacito, y un señor de bata blanca y sonrisa seca le preguntó cómo había dormido.
-Muy bien, sin pesadillas- contestó con la voz pastosa.
-Excelente Ignacio, pero veo que no dormiste mucho, está todo desordenado.
Nacho se percató de que no había puesto las almohadas en su lugar, y que la cama estaba demasiado revuelta.
-Es que tenía miedo de que ella me encontrara en algún sueño, y quiera vengarse. No quiero dormir. No quiero hacerlo más. Eso de soñar es peligroso, muy peligroso. Ella podría dañarme por lo que le hice, ¿no cree? ¿Puede darme algo para no dormir? no lo necesito.
 El señor de bata blanca y sonrisa de cartulina hizo un gesto de pena. Se acercó a la cama y tomó el pulso de Ignacio, que lo miraba suplicante.
-No existe nada para eso. Es imposible para una persona seguir viviendo sin dormir.
 Luego de unos minutos Nacho se quedó solo otra vez. Ya no le importaba escaparse, ni volver a su casa. Ya no intentaría esconderse de Rocío. Ya no le importaba eso de buscar la paz interior ni el arrepentimiento.
"Es imposible para una persona seguir viviendo sin dormir". Esa idea germinaba en su cabeza, y crecía a la velocidad del pensamiento. Esa mañana Nacho no bajó a desayunar. 


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  Una enfermera anunciaba la hora de la muerte, 9 a.m, y colocaba una sábana sobre el rostro de Ignacio. Su expresión era de paz, había conseguido su propósito. Ya no existían sueños que lo acosen. Ya no lo atormentaba el inconsciente cuando se apagaban las luces. Al fin, le había ganado la pulseada a los sueños.

viernes, 18 de marzo de 2011

Conversaciones nocturnas

   Eran las tres de la mañana y hacía frío, mucho frío, y era marzo, y era viernes. Carmela estaba acostada, hecha un ovillo, tapada hasta la cabeza. Lloraba, pero sin hacer ruido. Lloraba en mute, para que su mamá no la escuche. Lloraba con una mano en el pecho, porque tenía miedo de que el corazón se le escape y no quiera volver.
  Del otro lado del celular alguien decía incoherencias, o cosas inteligentísimas en un idioma incomprensible. Carmela escuchaba, y se mordía los labios. Cada tanto decía "por qué", "no te entiendo", "tenés razón". Del otro lado del celular la voz pedía perdón por las lágrimas carmín de Carmela, que sólo ansiaba cortar y dormir.
  Eran las cuatro de la mañana y hacía aún mas frío, y seguía siendo marzo, y todavía era viernes. Carmela estaba sentada en la cama, con las piernas y los pensamientos cruzados. Quería terminar la llamada, pero también entender por qué la voz no lo hacía de una vez.
  Las incoherencias se volvieron reclamos y después acuerdos, para terminar en frustraciones nacidas y muertas en esa conversación. Cuando no hubo más llantos ni consuelos, las incoherencias se volvieron te quieros dichos de a poquito, con miedo. Carmela apenas dijo "yo también", mientras se aovillaba otra vez y acomodaba el celular más cerca de su boca.
  Eran las cinco de la mañana y el frío comenzaba a ceder, y marzo ya no parecía tan detestable, y el viernes era un día genial. Carmela tenía los brazos abajo de la almohada, y se había quedado dormida con el manos-libres, mientras del otro lado de la ciudad alguien le deseaba buenas noches.



Sorpresa

" Estabas nervioso, tenías los ojos clavados en el piso y las manos en los bolsillos. Me hablabas de como encontraste los muebles llenos de polvo, y de las horas que te llevó dejar todo en su lugar. Yo te escuchaba, pero a veces me distraía cuando me mirabas de repente y sonreías. Eso siempre bastó para que se desordenen mis pensamientos por tiempo indefinido.
 Nos sentamos en un banco, y continuaste paseándome por anécdotas de tierra y sol. Mientras hablabas, tu voz iba encendiendo chispas y prendiendo luces a su paso. Admito que me quedé deslumbrada unos buenos minutos. 
 No sé en qué momento me aturdió el silencio y volví a la plaza, al banco descolorido y a tu compañía. Solo sé que cuando lo hice, vos revolvías tu mochila buscando algo. "Una sorpresa" dijiste, y yo fruncí los labios. Pensé en recordarte que no me gustan las sorpresas, pero luego supuse que lo sabías y no te importaba.
 Me hiciste cerrar los ojos. Odié eso. Por unos segundos mis otros sentidos se agudizaron, y el impacto de tu perfume casi me deja sin aliento. Te escuché respirar despacio, como conteniendote. Luego percibí como tu pulso se volvía rápido, acelerado, delatando tus nervios, poniéndome nerviosa a mí.
 Abrí los ojos. Extendiste una cadenita y la pusiste entre mis manos. Me reí de nosotros. Me reí de lo feliz que podes hacerme con tan poco. Te quiero, ¿lo sabes? Aunque no me des las caricias correctas. Aunque me niegues besos de contrabando. Aunque me pidas menos de lo que puedo ofrecerte.
  Sin querer (queriendo) te abracé. Me apretaste fuerte, hasta hacerme doler las costillas. Cuando decidí que necesitaba respirar me alejé. Nos medimos con la mirada, en silencio. Sé que lo pensaste, yo también. Pero hoy no es ayer, y no podemos cambiar eso."

miércoles, 16 de marzo de 2011

Pactos rotos

   "Hoy se quebró ese trato implícito que convenimos el día que nos conocimos. Por alguna razón que aún no comprendo, lo que parecía menos posible ocurrió. Y es que no todo es lo que parece, hasta que empieza a ser lo que parecía en un principio. 
  Me hablabas de tus cosas, yo de las mías. Nos reíamos, como siempre, de tu caminar chueco y mi pelo caótico. Yo iba zigzagueando, entretenida con las líneas de las baldosas. Vos, siempre tan maduro y serio, ibas disfrutando con mi lapsus de niña tonta. Y entonces, pasó.
 Mientras te hablaba de esa película que quería ver, me agarraste la mano y entrelazaste tus dedos con los míos. Continué describiendo la sinopsis, la categoría de los actores, el valor del guión. Levantaste nuestras manos, te las colocaste cerca de la cara y me miraste como nunca.
 No tenías derecho a arruinarlo todo. Todavía pienso en tu mirada y me tiemblan las piernas. "Que se te fue de las manos. Que no era tan sencillo. Que estás celoso. Que lo odias. Que me necesitas. Que me queres solo para vos. Que te enamoraste".
 ¿Qué podemos hacer ahora? ¿Cómo volver a la frialdad de una charla de conquistas eventuales y el promedio de los parciales? ¿Cómo dejar que me des un beso, si para vos es una gota más en el vaso, que hoy se derrama y me ahoga?
 Te quiero, pero él es mi dueño. No tengo opciones, nunca las tuve. Al final de la esquina, está él esperándome con una sonrisa de mil soles, que no me besa, pero me hace más feliz que nadie".

lunes, 14 de marzo de 2011

No me hagas caso

   "Te rogué que te fueras lejos, que me dejes de una vez y no mires hacia atrás. Quise hacerte entender que no perdías nada, pero mis razones no te parecieron lo suficientemente fuertes. Terco. Te me quedaste mirando como si no entendieras lo que estaba diciendo, o como si no te importara en absoluto.
   Todavía me tiemblan las piernas y tengo la boca seca. Por un momento tuve miedo de que me hicieras caso. Y ojala lo hubieras hecho, para salvarnos de las locuras que vamos a cometer. Ahora no tengo excusas para quererte como quiero quererte, y la idea me aterra.
   No sé si puedo seguirte por los bulevares, mientras cantas bajito para que sólo yo pueda escucharte. No sé si estoy lista para ir de la mano, con las caderas juntas y el pulso sincronizado. No sé si puedo desnudarme en cualquier lado, y mostrarte lo que escondo bajo la ropa. No sé si voy a poder dormir con tu mano en mi cintura, acariciándome la piel descubierta y llena de ansiedad.
  Te rogué que te fueras. Y no una vez, sino decenas, porque quería cuidarte. Ahora sólo puedo pedirte que te quedes, que no me dejes nunca. Y no una vez, sino centenas, para salvarme de la soledad.
  Creo que puedo despedirte con un beso después de ir al cine. Creo que puedo contarte que cuando sea grande quiero ser pintora de girasoles. Creo que puedo dejarte apoyar la cabeza en mi panza, y no moverme por horas, mientras vos te quedas ahí, quietito. Creo que puedo dejar que me quieras."

sábado, 12 de marzo de 2011

Sobre desvelos y olvidos

   "La noche me pesa en los párpados que, aunque cansados por las horas de desvelo, no aceptan que es momento de ceder. Me mantienen despierta, mientras vos dormís hace ya dos lunas y media. Me gustaría poder tener tu capacidad de olvido forzoso, pero aún no conseguí imitarte, y por eso hoy (y ayer, y mañana) me toca pasar la noche escribiéndote.
  Mi cuerpo está agotado, pero mi mente no quiere darme tregua. Va de un recuerdo a otro, esquivando esos que me dan puntadas en las costillas, y deteniéndose en los que me hacen sonreír. Vuelve una y otra vez, insistente, a tu nombre. Yo me alejo corriendo, con la puta conciencia de que no es eso lo que quiero. 
 ¿Cómo puedo mantener la voluntad cuando no puedo parar de pensar en vos? ¿Cómo puedo atrofiar mi memoria y disecar los recuerdos? Contame, explicame, tomate el tiempo del recreo para hacerme entender. Porque no puedo seguir batallando, y si pierdo, perdemos los dos.
 Borras mis mails, me devolvés esa película que te presté, creo que hasta conseguís olvidar de qué color tengo los ojos. Pero te mando un mensaje, diciendo que te extraño, y me respondes un escueto "me2" ¿No es tan fácil el olvido no?
 Quiero dormir, pero no paro de dar vueltas en la cama, enredando los pies descalzos en las sábanas. Quiero dormir, y soñar que estás conmigo, que me queres, que la confusión fue pasajera, y que todo va a estar bien. Pero no, los párpados me hicieron un piquete y se rehúsan a darme ese onírico respiro.
 Odio quererte tanto. Odio que me duela en el cuerpo extrañarte así. Odio tener tu voz grabada en el medio de la sien, tan clara como si estuvieras adentro de mi cabeza. Odio que no te importe, y duermas ahora hace tres lunas completas.
 Mi cama se vuelve enorme, un desierto de soledad y canciones tristes. No puedo dejar de temblar, las sábanas están heladas. Ahí donde debería estar tu espalda, desparramé las entradas del cine y la carta que nunca te mandé. Creo que así me siento más acompañada.
 La noche me pesa, me asfixia, se ríe de mí y me da la espalda. Te veo soñar en blanco y negro, con diálogos en mute y el reloj al revés. Te veo zambullirte en la farsa de la desmemoria, y me siento orgullosa de mí. Yo sigo sintiendo, sigo apostando, sigo saltando al vacío sin seguro. Yo todavía te quiero."

miércoles, 9 de marzo de 2011

Amnesia

Cuando te fuiste, 
se me resbalaron los te quieros
y se hundieron en el fondo de mi inconsciente más consciente,
se me arrugaron las sonrisas
y quedé en un stand-by indefinido.

Tu cara se volvió borrosa, irreplicable,
una foto maltratada por el tiempo.
Se me olvidó tu voz
y cómo sonaba mi nombre cuando lo decías.
No me quedaron besos ni caricias torpes,
nada para recordar tu piel ni tu perfume.

Pero me estoy curando de la amnesia,
de ese alivio pasajero que me dio la desmemoria,
y duele despertarse,
duele horrores.

viernes, 4 de marzo de 2011

No podes ser mi otoño.

Te pierdo, 
porque estás hecho de viento tormentoso
y no puedo encerrarte en mi boca
y las manos no me alcanzan.
Te pierdo, 
porque no podes cambiar como las estaciones
y ya se acerca el otoño
y vos sos verano de pies a cabeza. 
Te pierdo,
porque sólo mi sangre sabe cómo te llamas
y nunca me lo dijo
y no encuentro nombre que te quede bien.
Me voy, 
sin darte un beso en la nariz
ni llenarte los bolsillos agujereados,
sin dejarte una dirección para que me escribas
o me abandones.
Me voy,
porque ya no estas
y estoy vacía de tus latidos.
Me voy,
porque te perdí
y no quiero encontrarte de vuelta.

jueves, 3 de marzo de 2011

Esperando a que vuelvas ♪


  "Te equivocás si pensas que la distancia va a hacer algo por tu memoria, y lo sabés. Porque te veo irte con la duda en los ojos y el estómago revuelto. Porque veo tus pies queriéndose plantar en el suelo, y como hacés lo imposible para que te hagan caso y se muevan.
   Dejás tu nombre tirado cerca de casa, tal vez con la intención de que yo lo encuentre. Y lo guarde. Y lo abrace. No queres olvidarlo todo, admitilo. Aunque lo intentes, no podes incinerar los recuerdos que nos pertenecen.
   Atrás tuyo, estoy yo juntando nuestro pasado para cuando lo quieras de vuelta. Los besos que apuramos en la ansiedad del contacto. Las tardes de lluvia descubriéndote lunares. El primer te amo, dicho de pronto y con miedo. Las charlas interminables al teléfono, hablando de todo y de nada, por el sólo placer de escuchar tu voz.
  Te veo irte, y me muero por pedirte que te quedes. Me está costando demasiado ver como tenes una valija en donde debería estar mi mano.  Y no puedo hacer nada, porque ya hice mucho y no sirvió. Tengo que dejarte, y esperar a que vuelvas.
 Parece imposible pero ya te extraño. Me arde tu ausencia en los labios y en la rutina que empieza a doler. Te necesito demasiado. No imagino este tiempo sin vos. 
  Te veo irte, y quiero correr y alcanzarte y retenerte. Pero no lo hago. Se que vas a volver. Nos vemos pronto mi amor."
    

sábado, 26 de febrero de 2011

Adicción Modo On

Cuando sienta tu mano en mi espalda
yendo en picada y sin freno
no pienso quedarme en suspiros.
Por eso
no te asustes si te digo que te quiero,
no te pido que me digas yo también.
No te asustes y dame otro beso,
mientras jugamos a entender.
Cuando te vayas de mi madrugada
sin querer decir adiós,
yo tampoco lo pienso decir.
Por eso
no te asustes si te pido que te quedes,
sólo hazlo.
No te asustes y seamos sinceros,
nos enviciamos con caricias
y es tarde para alejarnos.

viernes, 25 de febrero de 2011

Jeux d'enfants!

Te desafío a que me quieras,
aunque se trate de mí y de vos.
Te desafío,
porque quiero ver que lo intentes,
porque quiero ver que resulte
y saber que no es imposible.
Necesito estar ahí,
mientras intentas sanar
mi memoria dolorida.
Necesito que te quedes conmigo,
y ver que tus ojos se vuelven espejo,
un observatorio directo de mi boca.
Te desafío a que me quieras,
y sea un juego sin final.

lunes, 21 de febrero de 2011

Libro abierto


Me estudia con cara de póker 
intentando (creo) adivinar lo que pienso.
No puede y se frusta.
Me acaricia los hombros.
Le sonrío por el intento.
Tomo sus manos,
beso su nariz
y lo tranquilizo revelándole el misterio:
"sí, te espero".


Despertamos.
Él de la siesta,
yo de la realidad.

sábado, 19 de febrero de 2011

El velorio


  Adela fruncía la nariz frente al espejo, se había descubierto unas arruguitas y estaba buscando la forma de disimularlas con una generosa cantidad de base. No consiguió un gran efecto, pero a su edad, no podía pretender que esos insolentes surcos desaparezcan por completo. Se aplicó rubor, pero no demasiado, y se delineó sutilmente los ojos. Siempre fue la misma coqueta, y no veía por qué cambiar ese día.
 Reparó en la hora, y se dio cuenta que le restaban sólo veinte minutos antes de que su casa estuviera infestada de gente. Hizo un repaso por las caras previamente ensayadas. Simplemente se concentró, y ahí estaba la tristeza, el dolor de la pérdida, los ojos llorosos, la pena en los labios. Perfecta. Ella era la perfecta viuda. Salió de la habitación con un impecable atuendo negro, y un pañuelo entre las manos, por si las dudas.
 La casa olía a flores, eso le daba náuseas. Las coronas se repartían en las esquinas de la sala, y con el correr de las horas, el olor se volvía más y más pesado. El timbre sonó, y contuvo el aliento antes de dirigirse hacia la puerta. Recibió con sonrisa rota las condolencias de familia, amigos, vecinos y gente que sinceramente no tenía idea de quienes eran, pero estaban ahí, y merecían verla triste.
 Adela iba y venía. Hablaba con todos, pero también se tomaba su tiempo sollozando junto al ataúd, hasta que alguien iba a consolarla. Apenas probó bocado, pero insistió en que todos tuvieran su taza de café llena. Era una estupenda anfitriona, ofrecía a todos lo que habían ido a buscar, y ellos estaban agradecidos.
 Ernesto, el marido de Adela (ahora difuntísimo), no era un hombre que cosechara muchas amistades. Siempre fue reacio a la vida social, y se mantenía al margen de los eventos que implicaran intimar con el prójimo. Su mujer fue la única, aparte de un par de excepciones, que lograron entenderlo e incluso quererlo como era.
 Adela en cambio era pura chispa, siempre sonriente. Desde que llegaron al barrio no hizo más que hacer amigos, que la invitaban a cenar junto a su esposo, y compartir alguna que otra reunión. Él sufría en cada encuentro, recluyéndose en el rincón más solitario de la habitación, y contestando con monosílabos cuando se le dirigían directamente.
 Con los años, eran pocos aquellos que aún toleraban su extraño comportamiento, y quienes no, comenzaron a alejarse de la pareja. Adela se encontró encerrada en su matrimonio, por primera vez se sintió sola. Lentamente, sus sentimientos por Ernesto se fueron manchando con resentimiento. Lo odiaba por alejarla de todos, y confinarla a una vida de ermitaña.
 Entre sorbos de café, los presentes hablaban sobre la viuda. Se compadecían de su dolor, y eso en algún punto los satisfacía, ellos no estaban sufriendo. Mucha hipocresía en aquel lugar tan chiquito, tanta que casi podía sentirse en el aire.
 Más tarde, la conversación se redirigió hacia Ernesto. Algunos lo criticaron sutilmente, otros intentaron buscarle virtudes y resaltarlas (sin demasiado éxito), y los más inteligentes, decidieron mantenerse al margen y ahorrarse los comentarios.
 Cuando a Adela no le quedaban más lágrimas, ni verdaderas ni improvisadas, la gente comenzó a irse. Querían dejarla sola con el dolor que seguramente ya no quería compartir con nadie más. Además, el olor de las flores había enturbiado el  aire hasta hacerlo irrespirable.
  El velorio terminó con un éxito que impresionó a la mismísima viuda. La concurrencia había sido extraordinaria, hubo más gente en su casa ese día que en los últimos quince años. Estaba por demás satisfecha, pero también exhausta.
  Se dejó caer en una de las sillas, mientras sentía que la habitación se enfriaba por la ausencia de voces. Pensó en lo aliviado que estaría su marido ahora que podía volver a su amada soledad y se enfureció. Ella sobraba, siempre fue así. Se levantó y fue a cambiarse, lista para irse lo más lejos de aquella casa, y de Ernesto.